Jueves 30 de Junio de 2022

Laberinto social.
Los mundos de Facebook.
[Federico Soubrier]

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Federico SoubrierMi primera experiencia fue abrir una página por la noche y abandonarla a la mañana siguiente, puesto que no sabía cómo se cerraba. Tenía como treinta metros de publicaciones de todo tipo. Me pareció excesiva información como para leerla toda, aquello era interminable.

Más tarde, la editorial con la que suelo trabajar me recomendó abrir una página oficial, para lo cual tuve que hacer lo propio con una personal y la verdad es que atenderlas resulta entretenido, aunque he de reconocer que a veces se hace tedioso.

Los que somos “amigos” en la red podemos cruzarnos y no saludarnos; ignorar nuestros nombres, no reconocernos y opinar, a la vez que aconsejar a estos conocidos virtuales, como si los conociésemos de por vida.

Curiosamente muchos te piden amistad y no vuelves a saber de ellos en la vida, será porque tienen necesidad de que en sus páginas conste que son populares y tienen aceptación social, o tal vez porque tienen interés en ver todo lo que publicas, cuestión que no es baladí, ya que te estás mostrando en pelota picada o con el traje que te hayas querido hacer a medida para dar una imagen más o menos acertada de cómo eres en la realidad.

La página de cada persona nos revela una cantidad de datos sobre ella y su intimidad de la que posiblemente no es consciente quien la hace pública. Puedes ver la vida de los otros, los hogares y estatus en los que se mueven. Adivinar sus estados de ánimo, sus pretensiones, con quiénes y cómo se relacionan.


Curiosamente, las fotos que nos identifican algunas veces tienen poco y a veces nada que ver con la realidad, sobre todo en cuanto a una intemporalidad que llega a sorprender.

Ni por asomo tiene que ver si en la foto apareces solo o acompañado y mucho menos si lo estás por tus hijos con que lo hagas solo. Todos los detalles se esconden tras una psicología muy personal.

A muchos les sirve como medio para “ligar” y es evidente que teniendo “parla” y gracia no debe ser muy difícil conseguir buenos resultados, ya que es un sistema de pesca en el que puedes lanzar todas las boyitas rojas que te permita tu tiempo, por supuesto difícilmente duraderos.

En aquellos que tienen pareja la cosa varía en que ésta aparezca en los comentarios o no lo haga jamás, lo cual se puede interpretar como una cierta complicidad o la necesidad de crear un mundo aparte, un lugar donde evadirse.

A veces, algunas personas lo convierten en un pañuelo de lágrimas y ciertamente les da resultado, a menudo consiguen innumerables respuestas de ánimo. En otros casos, el mismo inunda la red con tanta publicación que hace imposible que exista una, digamos, comunicación fluida. Las malditas invitaciones a los juegos y las sentencias manidas, que te evitarían visitar al psicólogo, son un pago a sufrir por formar parte de ese mundo. Permite que se cuelen hábilmente los que intentan manipular la política; además algunos estudios aseguran que produce depresiones a quienes comprueban que a otros les va mejor o al menos eso es lo que les hacen ver.

Puedes apropiarte de frases que no se te ocurrirían ni en mil vidas y encontrarte con sutiles comentarios que por su simpatía y contenido, junto con imágenes espectaculares, hacen que valga la pena el tiempo dedicado.
Lo mejor de esta hipersociedad “familiar”, donde todo se intercambia, se bloquea, se admite, se escribe, se borra, se dice, se vende, se suplica, se miente, se confiesa, se niega, se llora, se sonríe, se ama, se odia, se alaba y se maldice es que en cualquier momento la puedes abandonar sin que nadie te lo pueda reprochar.

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