DESDE BARCELONA.
Nueva York y (3).
[Jordi Querol]

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Sobre esta ciudad se pueden escribir infinidad de cosas, sin embargo y de momento, lo voy a dejar aquí. Quiero empezar este colofón (que estoy escribiendo en el avión camino de casa) sobre Nueva York (NY), confirmando que la mayoría de los visitantes (turistas) que abundan en esta urbe, obviamente amantes de sus respectivas ciudades de origen, consideran que NY es simplemente única.

Esta potente e inmensa metrópoli, cada año (como mínimo), nos ofrece una noticia singular. Para mí, este año (Diciembre/2014), lo realmente impar y sorprendente ha sido ver cómo ha cambiado, en tan solo doce meses, el perfil urbano de Manhattan que se divisa desde Queens, que es donde yo vivo. En el número 432 de Park Avenue se vislumbra con claridad la conclusión del que será el edificio residencial más alto de NY. Mi opinión, al respecto del mismo, es que es demasiado esbelto, aparece tan absolutamente esquelético que me provoca cierta ansiedad. En cada una de sus plantas habrá una vivienda, y el coste medio de las mismas superará los ocho millones de dólares, las más cercanas al cielo serán las más caras, claro. Seguramente, en el futuro y dentro de este edificio, se verán muchos keffiyeh (esas telas a cuadros en las cabezas de ciertos hombres).

NY es eso, cultura y tremendas novedades por doquier. Los neoyorquinos hablan sin dobleces y son gentes muy practicas, cuando el negocio no les funciona lo cierran, por eso, algunas de esas novedades sorprenden porque parecen locuras. El pasado sábado (mi último día en NY), jornada en la que lucía un esplendido sol, paseando por Whashington Square, un lugar donde tradicionalmente se juega al ajedrez en mesas de mármol donde están grabados los 64 escaques, en una de ellas permanecía sentado un singular personaje de color con una atrayente sonrisa; seguramente estaba esperando un contrincante. Me pareció una efigie sugerente y le pregunté si me dejaba sacarle una foto, me contestó con dos escuetas palabras: two dollars, o sea, dos dólares. Le agradecí el ofrecimiento y me fui sin la foto. NY es así, la tomas o la dejas. Hoy, al igual que en mis dos artículos precedentes, quisiera concluir con alguna referencia de interés para futuros visitantes. Para aquellos jóvenes (o no tan jóvenes) que, cuando concluye su viaje, los dólares escaseen por culpa de haber comprado innumerables regalos, y muchas gorras de NY para amigos, recomiendo deambular por Union Square, una plaza digna de ser disfrutada, la mayoría de veces convertida en un mercadillo. En su fachada Sur se encuentra la tienda Whole Foods, un establecimiento sugestivo y muy preparado, con una especial sección en su planta baja, donde se puede comprar comida por precios muy asequibles. Se pillan un par de recipientes de plástico (no, creo que son de un cartón especial) y nos hacemos con la comida que más nos deleite, cobijada convenientemente en una multitud de bandejas. Nos la podemos llevar al exterior o bien degustarla en la planta primera del mismo edificio donde hay un enorme comedor donde, al terminar, podremos conseguir un café. Allí, mientras saboreamos unas excelentes pochas o lo que sea, a través de unos enormes ventanales, se divisan los techos de las paradas del mencionado mercadillo, una enorme multitud bulliciosa y, al fondo, la silueta elegante y legendaria del Empire State Building, esta vez sin King Kong en su azotea.

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