TERETES.
La neutralidad cómplice.
[Paco Velasco]

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TeretesEn plena vorágine de guerra de religiones, el componente laico de la sociedad se instituye como organización independiente, acaso neutra, de cualquier confesión religiosa. Frente a quienes creen que los sucesos actuales son inéditos y carecen de antecedentes, los historiadores manifiestan exactamente lo contrario. Y con toda la razón. Uno puede bucear en los anales de la literatura y encontrar bellísimas páginas, escritas por autores excepcionales, en las que nos ponen en guardia sobre la neutralidad, entendida como ecuanimidad, sí, pero también como indiferencia.

En este sentido, el gran Dante nos remitía, allá por la segunda mitad del siglo Trece, su advertencia en torno al tema: “Los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral”. En pleno período bajomedieval, el gran florentino atacaba la cobardía de los abstencionistas en tanto abdicaban de su soberanía moral a fin de alinearse en las filas de la inacción más pusilánime. Se imponía, pues, la fuerza vana del traidor a los principios y a las convicciones.

La condena de los atentados de París no comporta beligerancia contra el Islam ni, mucho menos, la defensa a ultranza del Cristianismo. En absoluto. La matanza llevada a cabo por sectarios, intérpretes exacerbados y furibundos de la Yihad, no puede mecerse en la cuna que acoge a civilizaciones ultra religiosas. Si así fuere, estaríamos dando alas a las prédicas arcaicas de la ley del talión. Detrás de los excesos, aparece la mano política del fundamentalista tiránico que luce un tocado distinto sobre su testa descerebrada, según sea católico, judío o musulmán.

Servidor no es Charlie pero deplora el ataque a Charlie. A este articulista le asquean las blasfemias en general en tanto son el resultado de una neurosis obsesiva y obscena que tiende a escarnecer las creencias en un dios, el que sea, reverenciado por millones de personas. Sin embargo, más me repugnan las torturas con que se ha castigado a los blasfemos. Cuánto no admitiré impasible la muerte de quienes, en aras a la libertad de expresión, hacen chistes ofensivos sobre temas íntimos del ser humano. El cineasta Luis Buñuel decía que la blasfemia es un arte y que el idioma español es el más blasfematorio del mundo. Por decenas de mil se contarían los expuestos al asesinato por parte de los hombres y mujeres criminales del kalashnikof.

Los laicos que en el mundo somos, no podemos acogernos a lo sagrado de nuestras libertades fundamentales. Éstas no son un derecho absoluto pues se someten a los límites de la Constitución y de las leyes. A partir de este dogma jurídico e intelectual, cualquier acto de barbarie encaminado a tomarse la justicia por su mano, debe ser repudiado de inmediato, sin que valga el “y tú más” ni sandeces semejantes. Los oficiales nazis que silenciaron los crímenes de guerra militaron en una abominable conspiración de miedo que nunca podrá escudarse en el parapeto de la neutralidad. Ni, como refería Martin Luther King, “la historia tendrá que registrar que la mayor tragedia de este período de transición social no fue el estridente clamor de los malos, sino el inconcebible silencio de los buenos”.

Las guerras nunca son santas. Tampoco son legales. La única legalidad es la que nos permitimos cuando redactamos las leyes de la guerra, integrantes del Derecho Internacional Público. Siempre, claro está, que exista el derecho a la guerra. Que eso es otra cosa, que trasciende la competencia de los laicos. Y que pasa factura a los cobardes que se dicen neutrales.

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2 comentarios

  1. Inés del Mar on

    Al final una conclusión errónea e injusta. ¿Fueron cobardes los Ciudadanos de la Alemania nazi o los de la Francia ocupada los de la Polonia ocupada o los de la Irlanda del IRA o los de la Italia fascista o los del País Vasco de ETA o los de la España franquista o los de la China de Mao o la Cuba de Castro o la Irán de Jomeini o…? No, nada de cobardía, ni de neutralidad ni de traición ni de complicidad, simplemente miedo ante una Violencia criminal, cruel, ciega y sin límites. Miedo a perder lo poco que se tiene, la vida, la libertad, la familia, el trabajo,…, miedo por sentirse indefenso, miedo al dolor. Un miedo, en suma, natural y perfectamente concebible.
    Cuando impera la Ley del Silencio y las Legiones romanas se pasean invictas o eres Marlon Brando o Kirk Douglas.
    Desde la retaguardia se disfruta de las guerras que hacen los demás y es que es muy fácil ver los toros desde la barrera, ricamente sentado, calentito, con el puro en la boca y la copita en la mano y encima calificar al torero de cobarde.

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