DESDE BARCELONA.
Pellizco desmedido.
[Jordi Querol]

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Las tipologías de los casos de corrupción son múltiples. Una cosa es escamotear a Hacienda un ingreso de 490 euros, y otra cosa muy distinta es acumular ilegalmente en Suiza una fortuna de 49 millones. Desde su inicio, el caso Bárcenas me pareció indecente y, a su vez, de los más claros e insolentes. Mientras ciertas empresas constructoras ingresaban en el Partido Popular (PP) lo pactado para obtener adjudicaciones de obras, su tesorero (el que recogía las comisiones), se quedaba con parte del dinero. Bárcenas recibe 800.000 euros de la empresa constructora (A) para realizar la primera fase de una terminal del AVE y, después de un suculento almuerzo en Casa Julio, el tesorero agradece a los convidados presentes los servicios protestados y, sin firmar recibo alguno y criticar un buen rato a socialistas y catalanes, regresa a la sede del partido donde trabaja y deposita 600.000 € en su caja fuerte.

Después, por la noche, cena familiar en el barrio de Salamanca, un poco de ‘Sálvame Deluxe’ y a dormir tempranito que mañana se tiene que trabajar otra vez muy duro. Perdón, olvidaba los 200,000 € restantes, pues bien, ya se lo pueden imaginar, el pellizquito acaba en Suiza, es decir, a buen recaudo y a nombre de Luis Bárcenas. Así de sencillo.

Las operaciones efectuadas con dinero negro no tienen IVA, no tienen IRPF, no se declaran a Hacienda y, naturalmente, no generan ningún ‘recibí’, por lo tanto, los que juguetean continuamente con este tipo de moneda acaban sucumbiendo a la tentación, es decir, cada vez que la tocan la pellizcan. Estoy absolutamente seguro que si Bárcenas hubiera sido funcionario en el matadero municipal de su pueblo o bien conserje de hotel, nunca hubiera sido encarcelado. Dicho de otro modo, si todos los funcionarios de mataderos municipales y conserjes de hoteles junto con el 90 % del resto de españoles hubieran sido tesoreros del PP seguro que (por supuesto, no tan exageradamente) también hubieran pellizcado. Sin embargo, el porqué de este artículo no es exponer mi superficial y campechana opinión sobre las desiguales maneras de choricear de los futuros y virtuales tesoreros del PP, lo que me ha impulsado a escribirlo es el ver cómo Bárcenas quiere escapar de lo suyo hablando siempre de los demás. Que este de buen humor al salir de la cárcel lo puedo entender, sin embargo, esta obstinación departiendo continuamente sobre sus correligionarios de partido me aturde. Oiga señor Bárcenas yo quiero hablar de lo suyo, de su actuación.

Las comisiones que las constructoras pagan a los partidos para lograr obras no me agradan pero podría afanarme en analizarlo. La mayoría de los partidos políticos españoles (todos ellos sin una financiación transparente ni suficiente) siempre han vivido de subvenciones, préstamos, cuotas, donaciones y comisiones, comisiones procedentes de empresas constructoras con mucho personal que necesitan realizar trabajos continuamente. Con estas comisiones los partidos hacen obras en sus sedes, pagan asesorías, viajes, sueldos, sobresueldos, desplazamientos, recibos de agua y luz, etc. pero hoy, este no es el tema. Insisto, el tema de este artículo es usted: usted se quedaba jovialmente con parte de estas comisiones y, esto no tiene excusa alguna, simplemente no la tiene porque es puro choriceo. Un pellizco desmedido.

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