LABERINTO SOCIAL: Necesitamos cultura electoral

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(Firma: Federico Soubrier) Hace más de 125 años se instauró el Sufragio Universal masculino en España. Fue más tarde, a partir de 1931, cuando también pudo votar la mujer.

Anteriormente, solo podían ejecutar su derecho ciertas clases sociales entre las que primaba la opulencia y la cultura, pero a partir de ese momento la ciudadanía se  había ganado el privilegio de votar en pro de sus propios intereses y representantes.

Supongo que por entonces la elección se dividía entre capital y proletariado, que más o menos venía a ser el señorito y quienes le trabajaban por el jornal o, yendo más lejos, entre monarquía y república, haciendo referencia a Alfonso XIII y su salida del país, en la que casualmente tuvo que ver el nacionalismo catalán.

A mí me parece muy bien que vote todo el mundo, pero el electorado español denota una vez tras otra que no está capacitado políticamente, que no tiene ni la menor idea de los programas que presentan los partidos y que apenas distingue entre la izquierda y la derecha, ni cual pertenece a cada lado.

Estoy convencido de que la acción mediática confunde a las clases de cuello azul, como se denomina a quienes se enfundan el mono a la hora de trabajar, y o bien, con mentiras u omisiones consigue mover las horquillas electorales en el sentido del que invierte más dinero, o tiene más poder en los medios.

Las derechas se han disfrazado de oveja y hacen apología de defender a la clase media, los cuellos blancos de las camisas del sector servicios, cuestión que pasa por ser incierta si te remites a la implementación final de sus políticas saltándote sus programas y comprobando que se empeñan en machacarla en beneficio de empresarios y clases altas.

Por supuesto veo normal que estos empresarios quieran sacar el máximo rendimiento de sus negocios, consideren que ya hacen bastante con mantener a sus empleados y sus familias, esperando que sus representantes impidan las subidas de salarios y de impuestos. Para ellos es cuestión de rentabilidad.

Resulta tan curioso que la Andalucía trabajadora, esa quemada por los cuarenta años de gobierno de PSOE tintado por una corrupción solo superada por el PP que ha perdido por esa misma razón hasta el gobierno estatal, esté en manos de una ultraderecha bisagra que entre otras cosas quisiera terminar con nuestra autonomía, no habiendo aquí un atisbo de deseo de independencia ni de centralización. He oído a gente que los ha votado decir “¡Que son de ultraderecha, no lo sabía!”

Me parece lamentable vivir en un país en el que nos reímos de un anuncio en el que, a cambio de un jamón, la persona modifica su actitud en ciento ochenta grados, lo opuesto a lo que pensaba, patético.

Creo que a estas alturas sería imposible el solventar que el que vaya a votar supere un examen de capacidad psicológica, pero como siempre, encuentro la solución en que a los niños los entrenen a votar y los profesores les aclaren que hacerlo en contra de sus intereses y todos los de su status hacia abajo es absurdo, solo esa podría ser la solución de futuro. Que voten qué quieren desayunar, qué canciones quieren cantar, cuánto debe durar el recreo, que se entrenen para que su ejercicio del derecho electoral termine teniendo sentido en el futuro, dejándoles claro qué es participar en democracia, algo parecido a  lo que hacía Platón en su finca griega La Academia, ir más allá de crear inteligencia cibernética.

Pienso que se nos ha venido educando de manera autómata para ser capaces de dar respuestas científicas, 2 + 3 = 5, pero no para tener capacidad social participativa. Los sistemas educativos han intentado mantenernos como piezas integrales dentro del desarrollo capitalista, introduciéndonos en la espiral consumista, eliminando nuestra noción activa en el sistema comunitario para no alterarlo.

Creo que es momento de abandonar la seriedad y sumirnos en estas navidades que aunque creadas para el mismo fin, nos permiten acercarnos a los seres queridos y desconectarnos dentro de lo posible.

Felices fiestas, paz y amor, y sobre todo cuidado en esas carreteras.

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