EL ESTERO: Esperanza

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(Firma: J.J. Conde) A Putin no le suda la frente cuando pulsa el botón rojo de la indiferencia que atraviesa el celeste a velocidad de misil. A Donald Trump no le tiembla la pluma estilográfica cuando firma sin compasión la orden de apretar el gatillo contra todo lo que se mueva. A Bashar al-Asad no se le dobla el cuello de cisne cuando contempla sin mirar las volutas del gas de la mortandad… El resto se lava las manos en la jofaina del mundo, al igual que en su día hizo Pontius Pilatus.

A Vladimir Putin no se le altera ni un músculo de su cara acartonada cuando pega dos puñetazos sobre la mesa e inicia el discurso de la destrucción selectiva sin reparar en los denominados daños colaterales, que ni falta que le hace. A Trump no se le atraganta el refresco cuando botella en mano hace eses junto a su muñeca de goma y bajo los acordes de un vals imposible desenfunda el colt 45 simulando una masacre al estilo del Oeste. A Bashar al-Asad no se le retuerce el garguero de ave palmípeda cuando de reojo observa la cámara gigante del gas de la mortalidad… La parte que queda de este todo se enjuaga el cuerpo entero, se acicala y se da la vuelta.

Y mientras, la sangre, el sudor y las lágrimas ruedan sin descanso por entre los surcos creados, gota a gota, en la vida de miles y miles de niñas y niños, inocentes todos. Sueños inmaculados, ya rotos, que irremediablemente no volverán a aparecer nunca más porque de la memoria se les borró la innata sonrisa. Una cascada de emociones libres topándose de cara con la metralla indiscriminada de quienes alardean de patrias y en nombre de las patrias levantan muros infranqueables y derriban derechos innegables. El parto quebrantado por la miserable horda que cubre de luto riguroso los corazones de tantas y tantas madres, en un limbo que se antoja execrable.

Claro que, ante la falta de voluntades mayores, siempre quedarán samaritanos, como nosotros, dispuestos a derramar el bálsamo del milagro y elevar el vuelo hacia el infinito de la paloma con rama de olivo en el pico. Personas de carne y hueso, como tú y como yo, que de observadores ociosos en la distancia pasan a la aplicación de sus virtudes más venerables sobre el mismo terreno socavado desde el odio y la venganza. Hombres y mujeres reunidos en torno a las distintas organizaciones no gubernamentales que pueblan la Tierra, y que se lanzan a la búsqueda, a veces desesperada, de un hálito de vida por entre los escombros de cualquiera de las guerras que a diario se anuncian en las carteleras de las grandes avenidas. Hombres y mujeres dedicados en cuerpo y alma, sin paliativos, a la ESPERANZA.

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