EL ESTERO: Lírica y tiempos

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(Firma: J.J. Conde) Se suele recurrir a lo de “malos tiempos para la lírica”, cuando se estima que debido al clima sociopolítico de turno se merman derechos y se instaura una solapada represión sobre todo aquello que, de alguna manera, constituye el pan nuestro de cada día en lo que se refiere al mundo de la cultura. Y con eso, se hace uno altavoz, una vez más, de Golpes Bajos, el grupo musical vigués que en el 83 dio a luz el tema con el que jugamos en esta pequeñita reflexión.

Ni que decir tiene, que esto del tiempo asociado a la lírica no deja de ser una opinión más o menos generalizada con la que un servidor no está de acuerdo en su gran parte. Y me inspiro en que es, precisamente, en ese espacio cíclico de tiempos turbulentos donde la lírica se muestra con todo su esplendor. Porque ya se sabe que a latigazo que resuene sobre el lomo de los obreros de la palabra, mayor y más penetrante será el arrebato que estalle de forma potente y natural en el rostro de los fariseos que pueblan los despachos de las administraciones oficiales y paralelas.

Lo que quiero clarear es que a la prohibición le replica la rebeldía. Pues que siempre ha sido así. Y con ello, el halo creativo desarrollándose a todo pulmón y con la pureza que en un porcentaje alto perdería si en el ambiente flotara la complacencia y todo fuera subvención tras subvención; es decir, lo que vulgarmente se conoce como el pesebre. Que no estoy diciendo que todos los que se dedican a crear lo hagan bajo el paraguas de una permisividad cómplice. Naturalmente, los que llevan sin algarabía, con dignidad, la ética de sus manifestaciones artísticas, siempre van a estar ahí, y de hecho ahí están y a ellos acudiremos sin falta. Que en la conciencia de cada cual va adherida la etiqueta.

Así que sin prejuicios porque sean nuevamente los Golpes Bajos quienes dominen la escena, este compareciente hace valer el dicho, “Malos tiempos para la lírica”, pero con el matiz antes expuesto de que no tienen que ser precisamente malos, para el ejercicio de la cultura, los espacios aquellos en donde la exposición de lo creado se vea violentada por la sinrazón de la censura. Ni tampoco tiene que ser especialmente bueno ese lugar de creación en que todo se reduce a una palmadita en las espaldas, entre amigos y amiguetes y la sopa boba que los empapa a cada exhibición pública que se haga.

Por todo ello, pienso que la lírica, tanto en las malas como en las buenas épocas, tiene la capacidad suficiente y por sí sola de imponerse en esos foros en que se la adula exageradamente o en las estancias donde se la vitupera con ignorancia supina. Y es que estoy convencido de que la lírica vuela libre, libre, sin apego a ninguna norma establecida, por encima de universos y períodos.

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