EL ESTERO: Siempre es domingo

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(Firma: J.J. Conde) A mí me lo parece. Porque con los dos pies puestos ya en el zaguán de la fría losa que todo lo cubre, uno no debe reparar más que en el descanso sin pausa que supone o puede suponer un domingo. Además, el que no crea en estas traslaciones es que tampoco traga con un montón de dogmas hechos a golpe de martillo en yunque. Pero cada cual a lo suyo, que a mí no me importa el que usted se haga el harakiri o chancletee sobre las doradas dunas de Punta Umbría. Total, para lo que recojo de su corazón…

El tiempo todo lo cura, dicen. Es mentira, se lo aseguro. En la alacena obscura del alma permanecen bien dispuestos los encuentros y desencuentros, la palabra agrietada, aquella escena que casi me lleva al suicidio, las trece tazas de porcelana con las trece portadas de los trece discos oficiales de los Beatles, archivadores repletos de artículos y algún que otro reconocimiento, una guitarra española con cuatro cuerdas y otra americana en su funda de tela vaquera, un montón de discos compactos, el cuadro de los geranios, mucha poesía suelta y amarrá…

¿Y qué tiene que ver toda esta perorata con el domingo, día sagrado por excelencia? Nada, probablemente nada. Pero es que como cada vez que me acerco por twitter veo bostezos, pijamitas, amaneceres a través de ventanas entornadas, recipientes humeantes, #FelizDomingo y gifs por un tubo, me he dicho que yo también podría exhibirme y plantar una lista descuartizada de mi vida. Que no pasa nada. Que desnudarse libera, y si es ante tanta gente se hace uno a la idea de que va hasta el cuello forrao de lo que sea. Que para eso es domingo, caramba.

Lo repito. Todos los días me lo parecen. Domingo, quiero decir. Piénselo: se levanta vuecelencia sin estar pendiente de la tortura del despertador, se despereza a gusto en el salón las veces que sean precisas, se va a la cocina y se prepara un pedazo de café con poca leche acompañado de una tostá con manteca colorá, se toma el protector y un Valium, enciende la tele, se vuelve a estirar, se rasca la cabeza y se va a la terraza a contemplar el paisaje de pisos-favelas y nubes formando un corazón, espera en el púlpito de aluminio blanco a que el perrillo también tenga su despertar, se preparan ambos dos aparejados convenientemente y a pasear…

Y así a diario, a diario, a diario… Y es que siempre, compadres míos, siempre es domingo. Sí, sin duda, siempre es domingo…que cantara Gelu en los 60.

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