Una nueva edición de Platero y yo nos recuerda que no murió en el capítulo 132

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Si el nobel de literatura 1956, Juan Ramón Jiménez, resucitara un día de diciembre del 2019 como este y quisiera, ciento cinco años después de publicar por primera vez Platero y yo, reescribirlo para hacerlo más cercano a la realidad social y actual en la que vivimos, lo tendría tan fácil como: primero darse una vuelta por Madrid en bicicleta, después asistir a alguna de las sesiones de la cumbre del clima y por último mientras se toma un café en el aeropuerto antes de volver a Moguer, cambiar algunos títulos de los 138 capítulos, renombrar unos cuantos escenarios y sustituir algunos nombres de los protagonistas de sus historias, por otros de más actualidad, como Trump, Greta Thunberg, Ricardo Blázquez o Pedro Sánchez. La lectura de esta actualización o reescritura, nos permitiría comprobar, que aquel burro pequeño, peludo, suave que murió en el capítulo 132 de la edición de 1916, no lo hizo realmente, sino que se hizo inmortal en el mismo momento que lo terminamos de leer.

Una nueva edición original de Platero y yo. Elegía andaluza 1907-1916, que estará disponible en todas las librerías de España a partir del jueves 12 de diciembre, 105 años después de que, en 1914, Ediciones de la Lectura (Biblioteca de Juventud), publicara la primera edición con los primeros 63 capítulos, a un precio de 2 pesetas. Una nueva edición completa con los 138 capítulos de la edición de 1916, que ha sido editada, bajo el sello de la editorial moguereña OKTO contenidos y que incluye más de 25 nuevas ilustraciones interiores creadas por el ilustrador Raúl López y que ha sido impresa en tapa dura, con una cubierta exterior obra del pintor de Moguer Miguel Rodríguez, inundada de azules, rojos, amarillos, grises y verdes, haciéndola una de las más vistosas y vanguardistas de las editadas hasta el momento.

Un libro que el poeta de Moguer, parece que hubiera escrito en el 2008, cuando empezó una crisis que hizo tambalear los cimientos del estado del bienestar y que puso a prueba la elasticidad de una sociedad que vivía en ese momento bajo la sombra de la opulencia del sueño capitalista y esos problemas endémicos del ayer y hoy, como la aparofobia, la destrucción del medio ambiente, el consumismo, el racismo, la violencia de género, la corrupción política, la desinformación, el fascismo o la intolerancia. No cabe duda incluso que el nobel tendría Facebook, Twitter, Instagram, y un canal de Youtube, bajo el nombre, por ejemplo, de @andaluzuniversal, en el que hablaría con extrema sensibilidad krausista, sobre los problemas sociales y la construcción de un Estado de Derecho que debería garantizar a todos los ciudadanos el desarrollo de sus potencialidades y capacidades, de la educación como palanca para el progreso, modernización y perfeccionamiento moral de la sociedad y sobre la secularización de la sociedad, abogando por una religiosidad panteísta y espiritualista. Un Juan Ramón que invitaría desde su canal, a subirse a los lomos de sus 138 capítulos, para que descubriésemos que Platero no murió en el capítulo 132, sino que se hizo inmortal dentro de nosotros.

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