¿Qué comer en Europa? Propuestas y alternativas para descubrir el continente desde la gastronomía

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No necesariamente se tiene que ingresar a un restaurante para disfrutar de la gastronomía europea. De hecho, Europa es uno de los mejores continentes para llevar la cubertería en la mochila y pedir y disfrutar en pequeñas proporciones de cada uno de los sabores que atesora este continente.

Hay miles de maneras de conocer Europa. No solo desde el medio de transporte para llegar a cada país, de la forma de alojarse o los lugares que visitar, de lo que se encargan sitios como Viajero Casual, del que encontrarás más información aquí, sino también desde cada una de las pequeñas delicias que un turista puede darse durante la experiencia. De antemano, decir que conocer Europa desde la gastronomía resulta inviable por la cantidad de recetas que cada región de cada país alberga, pero sí es posible sugerir algunos platillos que forman parte de la cultura y de la forma de ver la gastronomía de cada región.

Europa a través de un viaje gastronómico

La forma en que comen los europeos siempre dependerá de su ubicación geográfica y de la influencia histórica de sus antepasados. Por ejemplo, la mayoría de los países escandinavos recurrirá constantemente a las harinas horneadas y a las bases de yogur -por una cuestión meramente climática y de acceso a las materias primas, aunque en la actualidad esto último no sea una limitación-, mientras que en las islas británicas los estofados y los hervidos forman parte, además del té, de una cuestión cultural profunda y enraizada.

Hacia la costa mediterránea son los pescados y los quesos, además de los platos curtidos de sabor que se meten al horno, los protagonistas de la cocina, mientras que dirigiéndose a los países balcánicos las pastas -influencia italiana- y los productos marinos o picantes -influencia otomana y griega- crean platillos sin igual.

En el medio, un sinfín de postres. De pequeños placeres dulces o salados que Europa sabe exportar muy bien y que ya forman parte del patrimonio mundial del buen comer.

Así lo demuestran publicaciones como las de https://viajerocasual.com/comidas-tipicas-de-europa/, que examina los platillos simbólicos de cada uno de los países europeos, y aquí se mencionan los principales o los que por ninguna razón se deben dejar de probar:


Pescado con patatas o fish and chips

Fritos ambos, forman parte de la cultura marinera de los británicos. Por su sencillez y por la influencia cultural de aquel país, se encuentra en miles de versiones distintas no solo en Inglaterra y el resto de naciones de las islas, sino también en Francia, Chipre y, cómo no, en España.

Comer en Italia

No se podría solo decir pizza porque se deja afuera a la pasta. No se puede decir pasta porque se deja afuera tanto a la pizza como al calzone. Italia es un país que, además de un fuerte tradicionalismo familiar, le da una importancia casi mitológica a la comida. La preparación misma de la comida en Italia es un momento de encuentro y del refuerzo de los vínculos familiares e históricos. Pizza, pasticho, pasta, trufas, helados; miles son las propuestas.

Estofados

Los países del Mar Báltico y otras naciones como Irlanda o Hungría tienen una predilección por comer estofados. Y eso no es más que una buena noticia.

Los estofados irlandeses -tanto al norte como al sur- se preparan con carne tierna, muchas cebollas, papas y zanahorias, y en cada lugar se personalizan de acuerdo a sus características y naturaleza, sobre todo en lo que a las pequeñas ramas se refiere. En países como Hungría, se prepara un estofado similar, muy similar, pero que difiere en el espesor del caldo y en la cantidad innumerable de guisos que lleva, predominando el tomate, el pimentón y el ajo.

Pequeños placeres

Los croissants franceses, los panes de centeno de los países vikingos -algunos son exageradamente grandes y con más proporción de frutos secos que de harinas-, los gofres y chocolates belgas, el reconocido y azucarado strudel austríaco y alemán, país que también exporta al mundo los distintivos pretzels, son solo algunos de los cientos de placeres culposos que un turista puede darse en cualquier calle europea.

Mención especial para España

Pero si se habla de comer bien, la comida típica de España tiene una mención especial. La comida forma parte del acervo cultural español desde tiempos medievales y a pesar de la influencia árabe de algunas regiones, en casi todos los pueblos y ciudades españolas la forma de cocinar no ha variado y pasa de generación en generación de manera inalterable, tanto en preparación como en ingredientes.

No obstante, cada sitio le da su particularidad y, como el caso de las croquetas o las tapas españolas, pequeños placeres para compartir y picar, o las papas bravas, son ideales para merendar o cenar en cualquier lugar de España, sobre todo porque en cada uno de esos lugares la salsa de las papas, el relleno de las croquetas o la preparación de las tapas será totalmente diferente e inédita, dignas de explorar.

A pesar de que esos pequeños placeres sean casi una obligación para quien visita Europa y no quiere descuidar el hecho de comer bien, las comidas principales, los platos fuertes son la especialidad de España. Allí se encuentran platos como el gazpacho -la sopa fría más reconocida del país-, el pulpo a la gallega -que de más está decirlo, es más sabroso cuando se come en Galicia-, la paella -que, en este caso, mejor cuando se prueba un poco en cada lugar, por la variedad y versatilidad que el platillo ofrece a quien la prepara-, además de ese signo de distinción de la cocina española: las carnes curadas y los embutidos, con los jamones ibéricos y los chorizos como carta de presentación.

Comer en Europa es una forma de viajar por la misma. Quizá una de las mejores y más interesantes. Después del viaje, cada sabor le identificará un lugar en el mundo y Europa está repleta de lugares con identidad, pero también con olor y sabor propios. Recorrerla con la gastronomía como norte es uno de los viajes más apasionantes que se puedan realizar.

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