Un segundo equipo de atención a la mujer y familia en Huelva

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La Consejería de Salud y Familias ha puesto en marcha a finales de año un segundo equipo en la provincia de Huelva de atención a la mujer y familia con la finalidad de reforzar la asistencia que desde el ámbito sanitario público se presta a las mujeres víctimas de violencia de género.

Este nuevo recurso se suma al que ya estaba funcionando desde el pasado verano en la capital y responde a la estrategia de la Junta, en cumplimiento de las medidas del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, de extender también a las zonas rurales este servicio especializado de asistencia a las mujeres que sufran esta problemática, tras los excelentes resultados obtenidos en la primera fase de implantación en las ciudades.

En concreto, el nuevo equipo de Huelva desarrolla su labor en la zona de influencia del Distrito Sanitario Condado-Campiña, ampliándose con ello la capacidad para ofrecer a las víctimas acompañamiento, información y asesoramiento en coordinación con las instituciones locales. En estos momentos se ubica en el centro de salud de Bonares, estando previsto que se instale en el nuevo de Niebla una vez se complete su apertura.

Estos dispositivos integran tanto la asistencia de los centros de salud como hospitales. Su función es realizar una cobertura integral y personalizada a las mujeres afectadas y a las personas que dependan de ellas (niños y niñas, personas mayores…) a través de profesionales de referencia -enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales y médicos de primaria y urgencias- que se centran en la detección precoz, atención integral e intervención inmediata. Dichos profesionales efectúan una valoración exhaustiva de las necesidades de estas mujeres y un acompañamiento continuado desde la detección hasta el comienzo de su nuevo proyecto de vida.

La entrada en funcionamiento de este nuevo servicio asistencial, que se puede desarrollar de forma telemática (a través de llamada telefónica o por una consulta escrita en el módulo de citación de Diraya) o presencial, ha supuesto interponer denuncias que antes no se habían realizado por diversas circunstancias y que hoy se sitúan en un 92,4%, la llegada en poco tiempo a la fase de mantenimiento y la reducción de la retirada de denuncias en un 13%. También es importante resaltar la atención ofrecida a hijos e hijas de víctimas y que se han beneficiado de los programas de atención psicológica proporcionados por los equipos.


La excelente coordinación de los profesionales sanitarios de atención primaria y atención especializada con los equipos está permitiendo que la mujer pueda acceder a los recursos sociales, psicológicos, sanitarios, económicos, jurídicos y de protección antes de transcurridas 24 horas tras la primera entrevista en los centros sanitarios, consiguiendo la adherencia al proceso en el 94,8% de los casos, con solo un 5,2% en que las mujeres abandonan.

La tipología de violencia de género más frecuente atendida es la violencia psicológica, seguida de la violencia física, económica y sexual. En la mayoría de los casos concurren varios tipos de violencia.

Es especialmente interesante el dato referente a la reducción en el número de patologías, asistencias a los servicios sanitarios y consumo de fármacos que se han producido como consecuencia de la atención de los equipos en coordinación con los profesionales sanitarios de referencia de los centros de primaria. En el 82% de las mujeres que han recibido el alta, se puede apreciar una mejora significativa en su salud y calidad de vida, por lo que evidencia que el trabajo de los equipos redunda en excelentes resultados en salud.

Es importante resaltar también que en estos primeros meses de actividad asistencial se ha visto incrementada la derivación de mujeres con indicadores de sospecha de malos tratos en fases precontemplativa o contemplativa, sin que fuesen conscientes de que sus problemas de salud estaban relacionados con la violencia de género. El 92% de estas mujeres ha conseguido conocer su situación e iniciar un proceso de ayuda multidisciplinar para abandonar la relación de malos tratos. El 100% continúa en el proceso.

Las estudios realizados indican que en el 36% de los casos la duración de la relación de malos tratos superaba los 10 años de tiempo, en el 41% de 6 a 10 años y en el 29% menos de 5 años. Y que la mayoría de las mujeres tardaba años en pedir ayuda por diferentes factores (miedo, vergüenza, aislamiento…).

Es de especial interés igualmente el papel de estos equipos sanitarios en materia de valoración del riesgo de las víctimas, ya que las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado realizan una coordinación muy estrecha para poder recabar datos de las mujeres atendidas, que utilizarán en la asignación del riesgo y las medidas de protección. Esto supone un avance de vital importancia para la seguridad de las mujeres.

Equipos multidisciplinares y diferenciados

El SAS anunció a comienzos de 2020 la creación de equipos multidisciplinares especializados en la atención frente a la violencia de género en un esfuerzo por establecer estrategias para dar respuesta a las medidas del Pacto de Estado emitidas en diciembre de 2017 por el Gobierno central y a la II Estrategia nacional para la erradicación de la violencia sobre la mujer 2018-2022, donde se recoge la necesidad de fomentar la creación de unidades o equipos clínicos interdisciplinares y diferenciados en los centros sanitarios.

Así, en Andalucía se ha llevado a cabo un análisis de situación de los protocolos, circuitos y recursos locales existentes en el ámbito sanitario para garantizar una correcta integración de los equipos en la comunidad autónoma. Del resultado del análisis se deduce la necesidad de modificar el protocolo andaluz para la actuación sanitaria ante la violencia de género, así como sus algoritmos de actuación y circuitos de coordinación.

Además de una unidad en cada capital de provincia, que coordina la atención de los centros de salud del municipio, se han creado unidades en entornos rurales con vistas a incrementar los recursos disponibles.

Los criterios que se han seguido para la elección de estas zonas rurales se centran en indicadores importantes de dispersión geográfica, número de centros sanitarios, número de recursos locales para la atención a mujeres víctimas de violencia de género (muy importante para garantizar el proceso de atención personalizado continuo iniciado desde el centro sanitario) y prevalencia de casos. Así se consigue dar respuesta al principio de equidad en salud asignando el recurso en función de las necesidades de la población.

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