Huelva en su laberinto: notas acerca de la revisión del PGOU

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(Firma: Circulo municipal de Podemos Huelva) El rey cretense Minos encargó al arquitecto Dédalo la construcción de un laberinto en el que encerrar al Minotauro abocado por ello a un eterno vagar buscando inútilmente una salida que nunca hallará.

La ciudad de Huelva lleva décadas en el laberinto de la debacle medioambiental y la destrucción de su patrimonio histórico-artístico y natural sin que sea capaz de encontrar una salida que le permita entenderse a sí misma y afrontar un futuro en mejores condiciones para su desarrollo económico y para la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos.

La revisión del PGOU de 1999 podría ser una nueva oportunidad para comenzar a salir del laberinto, y esto con matices, aceptando que un Plan General no es la varita mágica que resuelva todos los problemas de una ciudad, (como los urbanistas nos quieren hacer creer para mayor gloria de esta ciencia infusa que se llama urbanismo) pero si puede ayudar mucho; al menos a pensar en la ciudad, en lo que la ciudad es y en lo que la ciudad y su territorio quieren llegar a ser.

Para ello, lo primero es no esconder la realidad bajo bonitos eufemismos y reconocer que esta ciudad se encuentra ante un abismo medioambiental materializado en 1.200 has de vertedero tóxico a 500 m de la misma instalado sobre una marisma inestable que se pretende sepultar bajo una capa de tierra sin más utilidad que la de tapar las vergüenzas de aquellos que lo han permitido, ante un abismo patrimonial que se manifiesta en la destrucción sistemática de sus cabezos y en el expolio continuado del patrimonio arquitectónico y arqueológico de la ciudad más antigua de la península ibérica y ante un abismo de intereses económicos que tiene secuestrado el frente marítimo de la ciudad por una Autoridad Portuaria voraz e incapaz de entenderse con la ciudad, al menos, de igual a igual.

¿Y cómo es posible que una ciudad situada junto a un vertedero radioactivo, insensible ante su patrimonio natural, arquitectónico y arqueológico y que vive de espaldas a su ría pueda prosperar? Este es el laberinto en el que decimos se encuentra la ciudad décadas.


Pues bien, ante este panorama siniestro, el alcalde de Huelva se presenta ante la opinión pública cual Teseo reclamando la participación de todas las fuerzas sociales y económicas para conseguir un consenso sobre el modelo de ciudad del futuro.

El procedimiento será la revisión de actual PGOU de 1999 y el instrumento principal la participación ciudadana.
Ambas cosas no son verdaderamente ciertas, en realidad, no es verdad que el Ayuntamiento haya licitado la revisión del PGOU, no, lo que ha licitado, es solo su documento de avance, que como su propio nombre indica no es más que mera una declaración de intenciones, el pistoletazo de salida del PGOU, pero no el PGOU.

No sabemos realmente el motivo de tan inaudita licitación. A lo mejor el alcalde no quiere arriesgarse a que el equipo redactor le diga lo que no quiere oír y así tener las manos libres para continuar o no con la redacción del Plan o para desplazar al equipo redactor incómodo, sin más compromisos.

Tampoco es verdad que se pretenda que la participación pública sea el pilar sobre el que cimentar los consensos necesarios acerca del modelo de ciudad al que aspira la ciudadanía. Veamos: para incentivar la participación pública el Ayuntamiento lanza a través de la web un buzón virtual en el que los ciudadanos puedan expresar sus propuestas, penas o delirios sobre la ciudad según les venga en gana (más o menos para que los ciudadanos puedan desfogarse a gusto) , y cuelga un documento que denomina “Exploración Participativa” en el que expone los contenidos básicos sobre los que se solicita la reflexión particularizada.

Este documento desde luego es muy elemental y está lleno de juicios de valor, entre ellos y el más relevante es su posición respecto al vertedero de fosfoyesos, al que prácticamente considera inocuo y sin relación alguna con los problemas de salud y del medio ambiente de la ciudad; sobre los problemas patrimoniales ni una palabra y sobre el Puerto de Huelva que chachi-piruli todo guay y que siga haciendo lo que le de la gana (más o menos eso es lo que se desprende de la retórica eufemística y alabanzas poco críticas con la gestión que del territorio ha hecho el Puerto de Huelva históricamente).

El resumen de este pre-diagnóstico absolutamente irrelevante y que obvia la realidad que antes hemos descrito, concluye en afirmar que la ciudad está decreciendo demográficamente frente a su área metropolitana que sí crece en población, que el turismo no arranca y que su modelo productivo no consigue generar empleo, siendo la segunda ciudad con más paro de Andalucía. ¿Con qué cinismo puede un diagnóstico urbanístico obviar la realidad siniestra a la que antes nos hemos referido y a la vez sorprenderse de que la ciudad no despegue demográficamente, que no consiga atraer turismo y que se encuentre estancada porque no ofrece alternativas a un modelo económico fracasado?

Hay cosas de las que se sigue sin poder hablar en esta ciudad, (en el país también las hay, claro, no salen en prensa pero son muy obvias) por ello resulta un problema todo lo que tenga que ver con el debate público de fondo de los problemas de la ciudad y más ahora que cada vez poseen más fuerza las asociaciones de ciudadanos comprometidos y valientes que defienden la identidad de la ciudad en su patrimonio histórico, cultural y natural.

Las grandes declaraciones de nuestro alcalde cargadas de retórica llamando a la participación pública son, como ya nos tiene acostumbrados, fuegos artificiales, discursos vacíos y puro cinismo.

Si el alcalde quisiera de verdad desplegar el debate público sobre los verdaderos problemas estructurales de esta ciudad no abriría un buzón en internet, lo cual está muy bien, sino que convocaría a toda la ciudad en pleno al debate mediante charlas, conferencias, exposiciones, artículos de prensa, programas televisivos, mesas sectoriales etc, en las que pudieran participar e intervenir todos los agentes interesados, asociaciones, profesionales y ciudadanos.

Eso sería empezar con buen pie a hacer un plan participado, un plan en el que se pueda hablar de todo, en el que se le dé voz verdadera a la ciudadanía, un plan que nos tememos no será y que por ello mantendrá a la ciudad dando cornadas en su laberinto, como el Minotauro, varias décadas más.

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