Opinión: El dolor de los inocentes-Fundación Laberinto

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Un grupo de padres y madres de la Fundación Laberinto han escrito una reflexión en la que muestran las sensaciones que tienen ante lo que les ha ocurrido, que no es otra cosa que haberse quedado sin la sede que tenían hasta hace unos días en las dependencias de la Plaza de Toros.

(Texto: Padres y Madres de la Fundación Laberinto)  La Fundación Laberinto no tiene casa. Un problema material en nuestro mundo abstracto de vidas diferentes. Hemos sufrido el impacto de uno de los pecados capitales de unos pocos seres humanos. Y así no se hacen las cosas. Por mucho que algunos se empeñen en disfrazarlas.

En solo unos segundos parece que nuestro mundo cargado de planes y “planos” de construcción de nuestro edificio. Empeñados en construir un mundo real para nuestros hijos discapacitados que se derrumba sobre nosotros. Pero al abrir los ojos hemos visto que seguimos intactos. Porque ser padre, madre, familia o allegado de una persona que te necesita te inmuniza sobre la peor enfermedad que tuvo este mundo desde que existe: La Soberbia.

Estamos acostumbramos al dolor, y el dolor es una forma de nobleza. Cada día amanece de un color. Nos cambia el mundo a cada suspiro, y somos sensibles a muchas tardes de soledad y a mañanas de olvido.

Un ataque epiléptico, una crisis, un atragantamiento, y cientos de dolores de unos cuerpos que dicen más con los silencios que en voz alta, y que solo pueden pagarte con ese gesto blanco que da la ingenuidad de sus sonrisas. Sonrisas que desafían al tiempo.


Necesitamos de nuevo vuestra ayuda en esta pacifica protesta contra el egoísmo, la ira, la soberbia y la monotonía. Y sabemos que no estamos solos, porque os sentimos muy cerca cada vez que alzamos la vista suplicando aire.

Nos hemos quedado sin local de actividades, sin oficina, sin lugar de encuentro. Maldito dinero. Maldita ira. Maldita sed de venganza. Siempre pagan los inocentes.

No todos pueden ver los sueños de la misma manera, y es imposible detener el río de la vida. Basta un solo gesto agresivo a unos inocentes para darnos cuenta de toda nuestra libertad, porque las cosas simples son las más extraordinarias.

Todos los integrantes de la Fundación Laberinto quieren agradecer a toda Huelva: ciudadanos, instituciones, hermandades, la continua ayuda que recibimos de vosotros y recordaros que seguimos respirando, buscando lo mejor para quienes no pueden hacerlo por sí mismos.

Lo que para algunos parece una victoria, un ataque, una venganza. Para nosotros es abrir una puerta a la esperanza, y Laberinto somos todos porque la Huelva que nos acoge así lo desea.

Queremos daros las gracias hoy, porque sabemos que, con vuestra ayuda, podemos ver el futuro. Y agradeceremos cualquier grado de atención para aquellos a quienes cuidamos, porque nos necesitan al tener un alma blanca y un corazón inmenso. Quienes quieren hacernos daño, lo hacen perjudicando a muchos seres inocentes.

Hay un lugar en el mundo a pocos metros del cielo, y a menos de la tierra. En ese lugar vivimos quienes tenemos que dividir los trozos del alma porque cuidamos a “personas especiales”.

Por esa razón nos duele su dolor, porque ellos no pueden defenderse…

Laberinto no se alza contra una injusticia, sino contra todas las injusticias que se cometen al amparo de la tiranía, el egoísmo y la soberbia mal entendida.

Quienes atacan a Laberinto, o a cualquier asociación sin lugar, y sin armas, atacan su propio corazón helado…

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