Sábado 16 de Octubre de 2021

Presentado en Escacena el primer documental sobre el aguilucho cenizo en Andalucía

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(Firma: Chema Fernández Ojeda) Cuando los amantes de la naturaleza ven por primera vez a José Manuel Sayago Robles (San Juan del Puerto, Huelva), su imagen irradia ese romanticismo propio de los naturalistas del siglo XIX: pasión desmedía por el campo y un saber enciclopédico sobre la naturaleza envuelto en una humildad incomparable.

Sayago no enseña desde los atriles. No le hace falta ni tampoco lo necesita. Su maestría está a pie de campo, acompañada siempre por su sencillez y su cercanía, valores que lo han convertido no sólo en el mejor ornitólogo de Andalucía occidental, sino en un referente obligado del voluntariado ambiental en Huelva, un icono de cientos y cientos de jóvenes que gracias a él aprendieron a amar la naturaleza en el incomparable marco de Las Marismas del Odiel.

Por eso, cuando la pupila de José Manuel Sayago se aposta tras del visor de la cámara, el resultado es siempre el mismo: belleza, pasión por la naturaleza y una emotividad fascinante para transmitir valores de concienciación y respeto hacia nuestro maltrecho medio ambiente. No importa el entorno ni la especie, ya sea en sus amadas Marismas del Odiel con el Águila pescadora, en las umbrías de la Sierra de Huelva con el Búho real o sobre los océanos de infinito trigo de la Campiña con el Aguilucho cenizo, el espectador tiene la sensación de verse acunado por una música que nos remueve el alma y una impactante fotografía sólo al alcance de los grandes naturalistas como él.

En su último trabajo, un documental titulado Plan de Seguimiento y Conservación del Aguilucho Cenizo en Andalucía, Sayago recupera su faceta de divulgador ambiental para rendir homenaje al equipo humano que lleva décadas trabajando en la conservación de la rapaz esteparia más amenazada de Europa. Con la dirección técnica de Manuel Domínguez Cornejo, el audiovisual es un sentido reconocimiento a los técnicos, Agentes de Medio Ambiente y [email protected] que desde 1997 han desarrollado uno de los proyectos de conservación de fauna silvestre más decanos de toda Andalucía, en un afán infatigable por proteger al ave más emblemática de las campiñas y el medio agrícola andaluz, una de las rapaces con mayores amenazadas de toda la avifauna peninsular.

Las cosas pocas veces ocurren por azar y Sayago no escogió Escacena del Campo por causalidad para la presentación de su último documental de naturaleza. La pequeña localidad onubense, ubicada en pleno corazón de la histórica comarca del Campo de Tejada, acoge en sus mieses, junto su vecina Paterna del Campo, una de las mayores colonias de reproducción y cría de toda Andalucía occidental, la más importante en relación superficie/número de nidos de toda Huelva.


El documental enseña buena parte de su calidad humana, puesta al servicio de sus compañeras y compañeros de profesión a los que ha querido rendir este preciso homenaje para contar al orbe el impagable trabajo que día a día realizan con abnegación en defensa y protección de la naturaleza. Han hecho falta poco más de 20 minutos de metraje –filamados con medios muy precarios– para transmitir con fuerza telúrica al espectador la biología del Aguilucho cenizo; su carácter indómito pero noble, la insondable mirada de su iris amarillo mientras observa al mundo desde su posadero, su vuelo cadencioso lamiendo los trigales, el afán por sacar adelante sus nidadas en un medio tan hostil y antropizado, lleno de azares para su estirpe.

El documental es, en esencia, un canto a la vida, al empeño por sobrevivir en un mundo cada vez más alterado, al reconocimiento del trabajo solidario y compartido de tantas mujeres y hombres que dan lo mejor de sí mismos para proteger nuestra naturaleza, muchas veces sin reconcomiendo por parte de la sociedad, pero sobre todo, es un tributo emotivo a la riqueza natural del medio rural, un guiño a la España vaciada, un homenaje a la vida silvestre que aún bulle en los montes, las campiñas, los bosques y las riberas de Huelva, con la impronta inimitable de José Manuel Sayago Robles, con mayúsculas, un hombre que contempla el amanecer cada día desbordando humanidad y sensibilidad, un enamorado irredento de lo vivo y lo agreste, un naturalista admirado por centenares de personas que ven en su día a día el ejemplo para caminar hacia un mundo mejor, más sostenible, más justo y más acorde a la dignidad humana.

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