25 enero 2026

CARTA AL DIRECTOR

Recuerdos de El Rompido (9)

Firma: Jordi Querol

La Plaza de las Sirenas es, sin duda alguna, el espacio más significativo de El Rompido; esto no se debe solo a que la iglesia de la Virgen del Carmen se halle en ella, sino que el ambiente que la rodea posee un sabor muy especial.

La construcción de la iglesia parroquial en 1956 por el Consorcio Almadrabero, con los ladrillos que sobraron tras la construcción de la almadraba, supuso un hito importante para los rompieros, ya que, además de la misa, comenzaron a celebrarse otros actos litúrgicos como bautizos, comuniones y bodas. Esta parroquia venera a la Virgen del Carmen, patrona de los marineros.

Cuando uno se encuentra en la plaza —ya sea paseando, sentado en una mesa del Doña Gamba o el Singladura (dos establecimientos muy populares de El Rompido), o simplemente comprando algo en el super de Manoli—, se palpa de manera directa el latir del corazón del pueblo. Es un espacio urbano emblemático que, por si solo, anuncia cosas bonitas.

Cuando los rompieros salimos de la farmacia de Alejandro Tizón y, después de andar unos pocos metros en dirección a El Portíl, giramos noventa grados a la derecha para descender por aquella pronunciada pendiente, se nos revela una vista soberbia: estamos entrando en la Plaza de las Sirenas. Siempre he pensado que ningún arquitecto fue el responsable de lo que vemos; estoy convencido de que fue el azar quien lo dispuso así.

***

Durante muchísimos agostos, a las ocho de la mañana, al salir de casa, me he dirigido hacia ella montado en mi motocicleta. Aparco en el lugar que los moteros tenemos reservado y, tras andar unos pocos metros, me dirijo directo al Singladura para desayunar.

La Plaza de las Sirenas tiene eso: el don de hablarnos. Religión, ría, comercios, bancos para sentarse, gentes y restaurantes confluyen para, como digo, gritarnos al oído que estamos en el centro de gravedad de algo importante, y ese algo es El Rompido. Estos últimos veraneos, cuando estoy en esta plaza, siempre pienso en mi pregón; aquel día inolvidable (27/julio/2018) significó mucho para mí, no solo como rompiero de vocación, sino también como ser humano.

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