No puedo generalizar, porque no estoy seguro, pero juraría que la mayoría de los rompieros vamos a Portugal un par o tres de veces durante nuestras vacaciones. Este hecho responde a seis razones bien distintas: el país vecino se encuentra muy cerca; dejar lo cotidiano durante un breve periodo siempre reviste interés; en Portugal se come muy bien (sobre todo el bacalao y el arroz de mariscos); el trayecto por carretera es comodísimo; comprar alguna cosilla en las muy concurridas y alegres calles de Vila Real de Santo António resulta divertido; y, finalmente, cruzar el río Guadiana por el maravilloso puente del Quinto Centenario es como rasguear las cuerdas de una gigantesca arpa.
Al principio, hace muchos años, cuando vivíamos en Eurovosa, ir a Portugal significaba adquirir montones de bolsas de café, comprar toallas (que no secaban) y tantos paquetes de Winston como podíamos; también, algo de cerámica de Macao. Éramos mucho más jóvenes y bellos, pero también algo más ignorantes, y yo me había convertido en un fumador empedernido.
Cuando llegábamos a Ayamonte, aparcábamos tan cerca del transbordador como podíamos y, a continuación, embarcábamos en él para cruzar aquella enorme ría: la desembocadura del Guadiana en el océano Atlántico. Al terminar de comprar, nos acercábamos al restaurante Joaquim Gomes a degustar un excelente arroz de marisco. Si éramos diez, encargábamos solo para ocho comensales: en Portugal las raciones son mucho más generosas. Recuerdo que, mientras esperábamos las dos cazuelas de barro repletas de aquel exquisito arroz, no dejábamos de comer pan con paté de sardinas.
Esos viajes de juventud a Portugal resultaban deliciosos. Sin embargo, yo odiaba tener que rellenar tantos papeles para poder entrar en ese simpático y bello país. En aquellos tiempos, España y Portugal estaban muy lejos de Europa por culpa de dos insoportables dictaduras.
Teniendo en cuenta que en Portugal la hora va al unísono con Inglaterra y Canarias, al retornar a El Rompido aún teníamos tiempo para echarnos unas buenas siestas.



