9 diciembre 2025

‘Vida Salada’: Los olores del verano

Desde el chiringuito nos llega el olor de las sardinas y automáticamente comenzamos a recoger. No hay que hacer esperar a la auténtica reina del verano.

En varias revistas de moda leo que este será el verano de la sardina. De pronto este pescado humilde, que tanto bien hizo por la alimentación de una generación de españoles que ya se va marchando, se convierte en el estampado de moda.

El dibujo de una raspa de pescado, motivo de litigio por temas de propiedad intelectual. Un vídeo de un famoso cantante onubense pelando una acedía se hace viral. El triunfo de las cosas sencillas.

La mejor definición del verano me la ha dado Leila Guerriero: “La fiesta de un tiempo que no cotiza en bolsa ni se vende en cuotas ni se compra con tarjeta de crédito”.

Pregunto a ChatGPT por los olores característicos del verano y me devuelve una lista con más de veinte entradas, a cuál más estereotipada. No me dice nada del jazmín en casa de mi abuela, de la dama de noche de la calle Relator, del olor de la marisma cuando baja la marea.

Pasar al lado de la higuera y cerrar los ojos.

Una nota el paso del tiempo en el cambio en las fragancias de las cremas solares. De la lata azul de Nivea y las untuosas cremas de zanahoria hemos pasado a las levemente perfumadas y con factor de protección 50+. Esta asepsia olfativa en la que vivimos ahora nos llevará a no saber distinguir un verano de otro.

Brian Ferry luce siempre perfecto en todas las fotos. He buscado fotos suyas en Internet y hasta en esa en la que apoya su cabeza en su mano izquierda mientras sonríe – y se nota que lo pillaron en un descuido porque tiene la corbata un poco torcida – está impecable. Brian Ferry tiene que usar perfumes caros, pero si usara una colonia barata comprada en un supermercado de barrio, la llevaría hasta la estratosfera olfativa.

El champú de camomila con el que mi madre me lavaba el pelo.

El olor de los libros nuevos, esa mezcla de vainillina, ácido acético y aldehídos, es adictiva. Pero el olor de los libros usados es mucho más interesante, pues nos permite viajar al pasado, explorar otras vidas.

Cada casa que habitamos tiene un olor único y distinguible del resto de casas del mundo. Cuando nos mudamos nos cuesta acostumbrarnos al nuevo olor. Pero la casa donde pasamos el verano siempre huele a verano.

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