Tuve la oportunidad de pasar un verano en Boston aprendiendo inglés. A lo que los habitantes del estado de Massachusetts llaman verano, aquí lo llamamos principios de mayo.
La belleza de la luz de Gdansk en el verano de 2020.
Tailandia es preciosa, pero yo me quedaré siempre con la ternura de Vietnam.
Echar de menos la eficiencia de la red ferroviaria de Japón cuando llegas a Atocha.
En el verano de 1993 estuve de Interrail por Europa. Yo me dirigía a París, pero cuando íbamos llegando a Viena un muchacho americano se me acercó y me preguntó qué estaba leyendo. ¿A que parece el comienzo de una película?
Fuimos al FIB con muchas expectativas. Se cumplieron todas, hasta las peores.
Nunca había pensado en viajar a Madrid en verano, pero aquel invierno habíamos bromeado con la posibilidad de disfrutar de todas las verbenas de verano: San Cayetano, San Lorenzo y la Virgen de la Paloma. Y volvimos siendo catadores oficiales de limonada.
Si cierro los ojos, aún estamos allí: escuchando ópera en la Plaza Vieja de La Habana.
Guardo con amor infinito la foto que mis padres se hicieron en la Plaza de San Pedro, el verano que viajaron a Roma.
Cuando despertó, el monitor de aquagym de la piscina comunitaria ya no estaba allí.
Todos estos veranos son inventados. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.



