10 febrero 2026

Exposición ‘A sangre y fuego’ de María Aránzazu en Huelva hasta el 17 de febrero

La muestra se compone de siete obras realizadas con iluminación Caravaggio y puede visitarse en la Sala Bar 1900

La Sala Bar 1900 de Huelva continúa con su ya clásico ciclo cultural Las Noches del 1900, en esta ocasión con una propuesta fotográfica de la reconocida artista onubense María Aránzazu. Se trata de ‘A sangre y fuego (In blood and fire)’, título de la nueva exposición que puede visitarse en el emblemático establecimiento de la calle Garci Fernández, en pleno centro de la capital onubense.

La muestra llega a Huelva tras su paso por diversas salas de Portugal, entre ellas el Centro Cultural Convento San José, la Iglesia de la Misericordia y la Casa Museo del Ayuntamiento de Tavira, dentro de la plataforma internacional ‘Art Exhibition 2025’, vinculada al Centro Olotense de Arte Contemporáneo (Codac) de Gibraleón. Ahora recala en lo que muchos consideran el templo de la cultura alternativa en Huelva, donde podrá visitarse hasta el próximo 17 de febrero.

‘A sangre y fuego’ es un proyecto fotográfico que se sostiene no solo por la fuerza de sus imágenes, sino por el lenguaje visual y emocional que emana del conjunto. La exposición está compuesta por siete piezas que giran en torno a dos ejes simbólicos, condensados en una única figura: por un lado, un ángel con forma de mujer que porta un corazón; por otro, una espada.

El ángel feminizado representa una realidad profundamente arraigada en la sociedad contemporánea: “la lucha diaria de tantas y tantas mujeres, madres, amas de casa, trabajadoras y personas que somos y seremos, generación tras generación”, señala la autora. Para María Aránzazu, el marco angelical remite al carácter divino y sagrado de las mujeres como dadoras y creadoras de vida, en una alianza fértil con el misterio de la luz y de la existencia.

Tal y como explica la propia artista, “sus alas nos hablan del derecho a la libertad y al libre albedrío, aspiraciones que todas compartimos dentro de esta cárcel del alma a la que, todavía, la sociedad y el mundo tal y como hoy lo conocemos nos somete y esclaviza en lo cotidiano”.

Los dos objetos simbólicos que articulan la obra están cargados de significado. La espada se presenta como una “encarnación de la lucha, la fuerza y el coraje, la luz y la fe, así como de la autoridad, el poder, la protección y el buen combate”. El corazón, yaciente y sostenido entre las manos del ángel, desborda “amor incondicional, entrega, sacrificio, compasión y misericordia, afecto y ternura”.

Ambos ejes confluyen en un camino marcado por la esperanza como sentido vital y, por ende, final”, subraya la autora de ‘A sangre y fuego (In blood and fire)’, una exposición en la que ha optado por la técnica fotográfica conocida como ‘Iluminación Caravaggio’, basada en la alternancia de luz cálida y luz fría para intensificar el dramatismo y la carga emocional de las imágenes.

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