ETA, que anuncia su adiós definitivo a las armas, estuvo en Huelva con la intención de atentar en al menos dos ocasiones

1

El coche que transportaba los 130 kilos de explosivos. (Julián Pérez)

El anuncio del abandono definitivo de las armas por parte de la banda terrorista ETA ha supuesto un gran alivio en todos y cada uno de los rincones de nuestro país. También Huelva, que aunque no se ha visto nunca directamente afectada por un atentado de la banda criminal, sí que ha sentido en algún momento de cerca su acción a través de sucesos como el ocurrido en Ayamonte el 21 de junio de 2007. Ese día la Guardia Civil localizó en Ayamonte, a dos kilómetros de la frontera portuguesa, un coche cargado con 130 kilos de material explosivo, que había sido abandonado precipitadamente en la A-49 por al menos un miembro de ETA. Pero esta no había sido la única ocasión en la que ETA estuvo en Huelva, ya que las obras del Hotel Barceló desenterraron una bomba-lapa. Todo apunta a que fue la casualidad la que impidió al etarra-legal (no fichado) atentar al ser identificado por algún conocido. Abortó su acción y enterró el artilugio en los entonces vírgenes Enebrales. Años después, con el movimiento de la arena para la construcción del hotel se descubrió su existencia.

Sin embargo, el caso más llamativo fue el de 2007. En junio de ese año, un Ford Focus plateado fue hallado en el kilómetro 130 de la autovía A-49, en dirección hacia Portugal, gracias a que un grupo de trabajadores que pensó que había presenciado un robo en carretera avisó a las 11.45 al instituto armado tras acercarse al coche y observar objetos cilíndricos marcados con el anagrama de ETA, según explicaba la crónica entonces del diario El País. Los investigadores aseguraban que se trataba de una entrega de material para cometer varios atentados y que estaba destinado (o ya en poder) a un comando itinerante que habría tomado el Algarve como base para atentar en Andalucía occidental. Ésta era la primera confirmación de ETA de que tenía lista una campaña de atentados, una vez que dio por acabado el 5 de junio su alto el fuego. Un control de carreteras había abortado al menos la campaña de un comando.

La película del hallazgo empezó a las 9.30 del 21 de junio, cuando una cuadrilla que acondicionaba una carretera de acceso a una gasolinera vio cómo un vehículo que se dirigía hacia Portugal se detenía. En el coche, un Ford Focus plateado tipo ranchera, con matrícula portuguesa 51BX80 (no estaba falsificada), iba una persona. El automóvil fue alquilado en Lisboa a la empresa Rentilusa por Unai Arrieta, que sería un miembro legal de ETA en Guipúzcoa, aunque los investigadores todavía no saben si la documentación con que fue alquilado el vehículo es en realidad de este miembro de ETA o la estaba utilizando otra persona.

El coche quedó detenido junto a la rotonda de entrada a la urbanización Esuri Costa. Un hombre bajó entonces del vehículo y, tras revisar unas bolsas, cruzó la autovía por un paso peatonal, ya que al otro lado le esperaba un segundo vehículo, posiblemente que hacía de lanzadera (los testigos piensan que había dos personas en él). Este otro turismo salió pitando en dirección a Huelva capital. El Focus quedó en la cuneta.

Huida en moto

Sobre las 11.15, los mismos operarios vieron cómo una moto de la marca BMW se situaba junto al Focus. Uno de los ocupantes, sin quitarse el casco, golpeó con la cabeza el cristal trasero izquierdo, abrió la puerta y comenzó a extraer unas bolsas de color negro, que depositó en el suelo. El individuo rebuscó en las bolsas, desechó unas y tomó al menos otras dos antes de dar media vuelta y salir volando de nuevo en dirección hacia Huelva y Sevilla.

Los trabajadores creyeron que se trataba de un robo de carretera, por lo que fueron hacia el coche, una de cuyas puertas estaba abierta. Al llegar vieron que de las bolsas negras salía un polvo blanco, que pensaron que era cocaína pese a se leía un rótulo con la palabra “nitrato”. El jefe de la cuadrilla telefoneó a la Guardia Civil y, cuando aún relataba los hechos, un trabajador le advirtió de que en el coche había unos objetos cilíndricos “con la serpiente y el hacha de ETA”.

La primera patrulla que llegó a la zona vio las bolsas en el suelo y otros bultos en el maletero del coche. Inmediatamente llamó a los artificieros del instituto armado, que revisaron el vehículo. Joan Mesquida, director general de la Policía y la Guardia Civil, explicó ayer que el coche llevaba en bolsas separadas unos 115 kilos de nitrato de amonio, otros 15 de polvo de aluminio (para fabricar amonal o amosal, el explosivo utilizado en la T-4), 10 temporizadores, 8 detonadores, un emisor (posiblemente un mando para activar bombas a distancia), cordón detonante, un manual en euskera para la fabricación de varios tipos de bombas, alguna documentación y tres maletas con ropa y efectos personales.

Es decir, el vehículo tenía material para el montaje de al menos ocho bombas, suficiente para una campaña terrorista de un comando, posiblemente itinerante. Mesquida aseguró que el comportamiento de huida de los etarras se debió a que los ocupantes del coche lanzadera se asustaron al ver un control formado por agentes de la Guardia Civil y de la Guardia Nacional Republicana de Portugal, colocado en territorio español, justo antes de la frontera entre ambos países. El paso fronterizo sobre el Guadiana fue cortado y se montó una operación de cierre de la provincia de Huelva.

La cuestión es dónde iba el coche, de dónde venía y, sobre todo, cuáles eran las intenciones del comando. Los investigadores creen que los terroristas alquilaron el coche en Portugal y viajaron esa misma semana a Francia. Allí habrían cargado el coche y atravesado España de noche para dirigirse hacia el Algarve, una zona turística llena de casas de alquiler. Las fuentes apuntan a que el coche era una entrega de material destinada a un comando itinerante, que tendría como misión mantener en verano una campaña de atentados en Andalucía occidental.

El hecho de que el coche estuviera tan cerca de la frontera, agregan, apunta a que los terroristas estaban instalados en el país vecino, desde el que lanzarían sus ataques. “Las Fuerzas de Seguridad no descartan ninguna hipótesis, ni que fuera una entrega de explosivos ni que fuera un comando itinerante, lo que puedo asegurar es que el coche no estaba preparado para estallar”, explicó Mesquida. Éste agregó que los servicios antiterroristas ya trabajan en previsión de una campaña de atentados de ETA durante el verano.

Compartir.

1 comentario

  1. La “hoja de ruta” estaba escrita tal y como relató en su momento Mayor Oreja, y el tiempo le ha dado la razón.

    Para el final de ETA no basta con el cese definitivo de la violencia. Es necesario que entreguen las armas, que pidan perdón a las víctimas y que cumplan condena todos aquellos que hayan cometido delitos de sangre. Sólo así el Estado democrático, social y de Derecho podrá mantener su dignidad y a partir de ahí la sociedad española podrá ser generosa sin olvidar a sus víctimas inocentes.

    P.D.: En el País Vasco no existe un problema de paz, sino de libertad.
    Libertad secuestrada por unos nacionalistas radicales y asesinos.

Leave A Reply

Las cookies de este sitio web se usan para personalizar el contenido y los anuncios, ofrecer funciones de redes sociales y analizar el tráfico. Además, compartimos información sobre el uso que haga del sitio web con nuestros partners de redes sociales, publicidad y análisis web, quienes pueden combinarla con otra información que les haya proporcionado o que hayan recopilado a partir del uso que haya hecho de sus servicios. Ver detalles

ACEPTAR
Aviso de cookies