DESDE BARCELONA.
Nuevos tiempos, mucha rapidez.
[Jordi Querol]

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Políticamente, tengo la impresión de que los catalanes estamos subdivididos en tres grupos. Dos de ellos cubren a los independentistas y a los no separatistas, y un tercer grupo muy heterogéneo donde se cobija el resto; estos últimos son fundamentalmente los distraídos, los indecisos y los que nunca votan. A groso modo yo diría que numéricamente, cada uno de estos grupos abarca un tercio de los votantes. Afinando un poco más, creo que los no soberanistas son un tercio algo disminuido, por lo tanto, los otros dos conjuntos son tercios algo más gruesos. Respecto a su energía, es decir, las ganas de imponerse, el primer conjunto (los independentistas) son los más belicosos; el segundo grupo se mueve básicamente como reacción al primero; y respecto a los indecisos (el tercer grupo), o sea, los que tienen en sus manos desemparejar los resultados, nadie sabe cómo se agitarán. Si nos imaginamos que se abstienen totalmente, o sea, que no van a votar, entonces, nadie ostentaría una mayoría clara, nos encontraríamos (voto arriba, voto abajo) delante de unos resultados absolutamente vagos, es decir, un empate. Sin embargo, yo creo que si el gobierno catalán agota la legislatura, el día que toque votar legalmente el escenario político-social será muy distinto al actual y, como consecuencia, el resultado de las votaciones también. La razón es muy clara, la nueva estrategia de Mas, el grupo Podemos, y Duran Lleida por otro lado, abran crecido mucho y, a su vez, se abran aclarado lo suficiente para excitar al personal. Resumiendo, el enfado general junto con la recomposición de las nuevas jerarquías políticas en Cataluña movilizará a más gente en las urnas. Muchos de los que el pasado día 9 de Noviembre se quedaron en sus casas saldrán a la calle para, a través de su voto, poder intervenir y protestar. Exactamente igual a lo que ocurrirá en Andalucía y, en general, en toda España.

Buena parte de la juventud catalana, históricamente no participativa e indecisa, votará a Podemos y a Mas (lista única), y los ‘pujolistas’ (ex convergentes), desencantados y sin líder nos iremos con Durán. Este nuevo panorama involucrara a más votantes, por lo tanto, los independentistas (por muy poco) ya no serán los protagonistas. Como ya he manifestado otras veces en esta columna, el independentismo catalán es muy fuerte, pero no lo bastante, creo que los acontecimientos que se avecinan pondrán de manifiesto lo que digo, o sea, aflorará la verdadera dimensión de un movimiento muy civilizado y perfectamente organizado que, de momento, no tiene suficientes adeptos.

En España el descontento es general. La ciudadanía ya no se fía de nadie y, con los nuevos tiempos, a la hora de votar, cuando aflorara cierta ilusión y algo de esperanza en el cambio, se castigará sin compasión a los que lo han hecho mal. Sin piedad se sancionará la negligencia, la falta de talante político, la mentira y, sobre todo, la corrupción. Los que mejor entienden lo que digo son los simpatizantes inteligentes del PP. Saben muy bien que, al igual que ellos arrasaron después del delusorio periodo de Zapatero, ahora les toca a ellos perder y retirarse. Excepto sus militantes, nadie, absolutamente nadie, perdonará al PP. Lo que hemos vivido estos últimos años ha sido muy triste, una verdadera vergüenza. No debería repetirse nunca más, el país se ha resentido muchísimo.

En general, la irrupción de Podemos provocará cambios sustanciales. En Cataluña además, y coincidiendo con la absurda querella a Mas destinada a complicar aún más la situación, la idea de Duran Lleida (Unió Democrática) celebrando un seminario para reflexionar sobre el futuro, donde se debatió en profundidad que, esto, la construcción del futuro, depende fundamentalmente del análisis serio y meticuloso del presente, ha caído muy bien. Repito, no solamente movilizará a muchísimos catalanes de cierta edad ‘sin líder’ sino que, además, pone de manifiesto los fallos básicos de Podemos: demasiado populismo, excesivas visceralidades y, sobre todo, lo más peligroso, la destrucción sistemática de las bases de nuestro presente. Actualmente, ya inmersos en tiempos nuevos, todo ocurre con tanta rapidez que no descarto la posibilidad de que un suceso inesperado pueda convertir este artículo en algo absolutamente añejo.

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