Laberinto social.
El caballo de Troya y la yihad.
[Federico Soubrier]

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Federico SoubrierEl 24 de octubre leí con estupor que el ministro Morenés se desplazó a Mali para presenciar cómo asumíamos el mando de una misión europea. Sí, nuestras tropas en Mali y una de las consignas de la campaña era acabar con el yihadismo. Alucinante, nosotros…

Escribí un artículo sobre el tema pero irremisiblemente de cada tres, dos se quedan en el cajón. Ahora la llamada del miedo, ese que tiene Europa, ese que se hubiese multiplicado por veinte mil si llegan a atentar al unísono en París, Londres y Madrid, me ha hecho releer lo que escribí aquel día.

Por entonces, me vino a la cabeza la barbarie que sufrimos por enviar a Irak nuestras tropas tras la Cumbre de las Azores en 2003 para buscar unas armas de destrucción masiva que jamás se encontraron y que aquí pagamos con los sangrientos atentados del 11 de marzo de 2004.

Recientemente vimos cómo en Canadá mataban a un soldado, entrando posteriormente en el parlamento y cómo en Reino Unido atacaban a militares con hachas o machetes. Ahora, nos encontramos con los salvajes atentados de París y los incidentes de Bélgica. No hay que ser un lince para intuir que en breve tendremos más muertos. Eso funciona tan fácil como la venganza, ese plato que se come frío cuando consideras que alguien te molesta en tu casa.

Tengo que aclarar que sobre todo hay que defender la libertad de expresión, eso que está promulgando ahora Rajoy en sus condolencias europeas, sí, el promotor de la ley Mordaza. Pero también debo comentar que al igual que por aquí no gustaría un dibujo en una viñeta en el que un cura u obispo sodomiza a niños bajo la atenta mirada de Dios, no le veo la gracia por muy parisina que sea, a un yihaidista cortándole la cabeza a un rehén, diga lo que diga el comentario del chiste, y evidentemente ellos no se la verán a que se rían de su profeta. Contra un fanatismo en el que la inmolación es una manera de llegar a Alá, difícilmente se pueden aplicar medidas de protección y en este caso solo se me ocurre lo que a cualquiera: introducir topos, cuestión para la que supongo que los extremistas ya estarán más que preparados.

Nos resulta difícil entender sus mentes pero también lo es comprender que aquí se mate a alguien por ser de un equipo de fútbol en concreto. El ministerio del interior da a conocer que 51 españoles combaten del lado de la yihad. Aquello que hubiese sido impensable en los tiempos en que la iglesia nos devoraba el cerebro, ahora es posible, y tendrá mucho que ver con la vertiginosa desestructuración eclesiástica, junto con la proliferación de los medios de comunicación de difícil control ético y supongo también que técnico.

Por esas casualidades de la vida tuve que compartir academia un año entero con allegados a Fuerza Nueva en los tiempos calientes; pistolas, bates de béisbol y puños americanos junto con historias de palizas a “rojillos” eran su orden del día. Los fanatismos están aquí y allá, siendo casi imposible erradicarlos. Si mamaste en Japón, lo mismo serás un Kamikaze, y contra eso no hay quien pueda luchar, ya que alcanzarás con tu muerte el paraíso y no te importará nada más cuando la vida es la única moneda de cambio que te pueden ofrecer para que pares.

Los prejuicios contra una comunidad musulmana, integrada en España y el resto de Europa, no extremista ni terrorista, tienden a dibujar malentendidos difíciles de erradicar generando tensiones innecesarias que los gobiernos deberían esforzarse en paliar.

Nos traen caballos de Troya sin ser conscientes de que España, a pesar de contar con unos magníficos cuerpos de élite, no está lista para hacer frente a lo que no es capaz de momento de hacerlo nadie en el mundo. Los gobiernos actúan como un niño jugando con otros en una guardería con una navaja multiusos abierta y posiblemente al final Mahoma vendrá a la montaña, igual que nosotros vamos a Mali. Espero que estemos preparados, pero tengo serias dudas.

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