VENTANA DEL AIRE: Más que una parodia

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(Firma: Juan Andivia Gómez)  Hay obras de teatro que demuestran con su puesta en escena lo grande y difícil que es este género. Un texto formado de palabras toma vida y nos trasmite ideas, sentimientos, alegrías, dolores y esperanzas. Quizá por eso y porque el ser humano no ha cambiado tanto, siguen teniendo vigencia muchas de las obras del siglo de oro. A veces puede ponerse en duda su verosimilitud, pero cualquier arte es antes que nada convención, por lo que nadie puede disentir del fondo, de la misma manera que no puede defenderse del león de la Metro-Goldwyn-Mayer.

A quienes creemos, además, en la verdad de los datos y en la necesidad de recordarlos, aun en el registro de una gran sátira, nos ha gustado esta apuesta oportuna y esta dirección de Manuel Díaz Flores, en la obra “Farsa memoria”, que el viernes se representó en ‘La Fundición’, de Sevilla; una magnífica interpretación de lo que ha sido esta transición no acabada, según hemos visto los últimos días y esta memoria que a algunos de los mayores aún nos duele.

Los temas históricos pueden agotarse, como ha ocurrido con esa posguerra baqueteada sobre todo por el cine, pero el texto de Manuel Olivares, recrea en ocho estampas lo que fue y no debemos olvidar; y lo hace con finura, con humor y da vida desde los enterrados en una fosa común, donde coinciden Blas infante, Horacio Hermoso, alcalde de Sevilla en 1936, asesinado por las tropas de Queipo de Llano, un niño bien que no podía enterrase en “suelo sagrado” por suicida y otros muchas víctimas anónimas; el cambio de los nombres de las calles y la nostalgia; la afrenta de las estatuas de los vencedores, la represalia a los intelectuales, la trágica entrega de bebés a los afines al Régimen; las esencias patrióticas entendidas por los vencedores; una tergiversación de la posible (ya hoy, real) exhumación de F.F. y el planteamiento de insolidaridad europea ante nuestra guerra civil.

Los actores están magníficos: Myriam Osuna, pasa con convicción de estudiante a maestra y de ninfa de la españolidad a la República corpórea; José Rasero, interpreta a un turista, a un obispo y a León Blum, entre otros; la versatilidad de Marcos Pérez se manifiesta atravesando los perfiles de juez, de político, de Neville Chamberlain; y Manuel Díaz hace de monja, de obrero del Valle de los Caídos y de Hitler.

Hay más personajes, todos con un nuevo aire, producto de un buen guión; de un montaje sencillo y original, en el que colaboran Delfín Delgado, que también aparece en escena y Manuel Díaz, hijo; y de un pasado reciente que la mayoría de nosotros no queremos repetir.


Como decía Arthur Miller, el teatro “es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”; y esto es lo que ha hecho ‘La Jauría’, enfrentarnos con nosotros mismos y con un pasado que únicamente debería recordarse como lección irrepetible.

 

 

 

 

 

 

 

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