77 Aniversario de William Martin: En estos días que estamos viviendo

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(Firma: Carlos Troncoso. Periodista y productor) Estos días de confinamiento, reflexión e incertidumbre, invitan a navegar con chaleco salvavidas por el mar de las ideas, las opiniones y la tempestad informativa. Así es que, navegando con cautela por la red durante uno de estos largos días de cuarentena, en busca de ideas para el proyecto de largometraje documental que tengo en marcha, me encuentro casualmente con una obra titulada Enfermedades que cambiaron la historia (2016), un ensayo científico-histórico del médico y escritor Pedro Gargantilla, con un título tan sugerente en estos días que estamos viviendo que llamó mi atención doblemente, provocándome miedo y esperanza a partes iguales. Leer el título de esta publicación me impactó en el instinto, pero comprobar la cabecera del primer capítulo terminaba de amarrar mi interés: “La neumonía que engañó a los nazis”.

Navegando hasta la costa de Punta Umbría vino el submarino británico encargado de transportar y de arrojar en el agua (con chaleco salvavidas) el cadáver de William Martin, tal día como hoy hace setenta y siete años. Desde entonces, un amplio abanico de hipótesis y de versiones sobre la verdadera identidad del hombre que protagonizó aquella brillante operación de engaño (algunas de ellas tachadas como teorías de la conspiración) han suscitado un auténtico misterio. Hipótesis, conspiraciones, misterio… ingredientes básicos de los sucesos históricos o científicos extraordinarios. ¿Les suena esto de algo en estos días que estamos viviendo?

Como el propio Gargantilla asegura en su prólogo, Enfermedades que cambiaron la historia no es un análisis histórico exhaustivo, sino que es “una obra que analiza los avatares que ha sufrido la humanidad a través de los siglos desde un prisma más humano, desde el lado de la enfermedad, entendida como algo inherente a la vida y que, en ocasiones, ha torcido los renglones de la Historia, propiciando que ésta se escriba de forma diferente”.

Con esta introducción que plantea podríamos justificar su limitada profundización a la hora de describir en su capítulo la trama de la Operación Mincemeat y los datos históricos que la envolvieron. Pero echo mucho de menos un mayor interés por indagar científicamente tanto en las conclusiones del forense que examinó el cuerpo en 1943, como en los importantes estudios realizados a posteriori. Una lástima que el Doctor Gargantilla se limite a reproducir la escueta y más que discutida e improbable versión oficial británica y su “neumonía tras inhalar de forma accidental un raticida”.

Gargantilla continúa en su prólogo: “Los médicos que en la actualidad cuidamos de nuestros pacientes contamos con poderosos medios que nos permiten en la gran mayoría de los casos, perfilar un diagnóstico exacto. En algunos casos son heredados de nuestros colegas en el pasado, en otros son el resultado de los avances científicos de las últimas décadas.” Efectivamente. La herencia y los avances han permitido, en el caso del Mayor William Martin, que muchos investigadores hayan ido desmontando durante los últimos veinte años esa versión oficial, tanto desde el punto de vista histórico como desde el científico. Pero ahora, nos centraremos en el aspecto científico.


“No tiene nada que temer de una autopsia española; detectar que este joven no ha muerto después de un accidente aéreo en el mar requeriría de un patólogo de mi experiencia, y no existe ninguno en España.” Podríamos decir que con esta fanfarronada del patólogo forense Bernard Spillsbury al comandante Ewen Montagu comenzaba una de las operaciones de engaño más importantes de la II Guerra Mundial, la Operación Carne Picada, y al mismo tiempo la mayor ofensa y desconsideración internacional hacia la medicina forense española que se recuerde.

“La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos”. Con esta máxima de Marco Tulio Cicerón arranca la tesis doctoral del Doctor Agustín Sibón (Doctor en Medicina Legal y Forense), basada en el caso de William Martin y titulada Caracterización bioquímica y estructural de las muertes por asfixias violentas: análisis de la proteína A del sufractante pulmonar y niveles de estroncio. Su aplicación al diagnóstico de sumersión vital.

Afirma Sibón en su tesis: “Montagu se arriesgó con este cuerpo, […] las lesiones cáusticas producidas por la acción de entrada de fósforo en la cavidad bucal y la posible ictericia derivada de la insuficiencia hepática y de las hemorragias podrían poner en evidencia no sólo la identidad del hombre sino la causa de la muerte y el ardid hubiera sido descubierto”. En 1943 había muchas limitaciones para realizar un examen microscópico al cadáver, así pues, el diagnóstico fue macroscópico. Pero, como apunta Sibón, “un Médico Forense con 19 años destinado en esa zona de costa desde luego NO era un inexperto en diagnóstico macroscópico de sumersión, como tampoco lo sería con 32 años de ejercicio profesional como patólogo, para diagnosticar una intoxicación por fósforo”.

Eduardo Fernández del Torno, Licenciado por la Facultad de Medicina de Sevilla, con calificación de sobresaliente, acertó con su diagnóstico, “asfixia por sumersión”. Por tanto, el cuerpo utilizado en dicha operación de engaño durante la II Guerra Mundial no es el que la versión oficial británica asegura que es. No hubo raticida. No era una neumonía. Era un verdadero ahogado en el mar.

Y hasta el propio comandante del submarino que navegó hasta Huelva con el cadáver, Norman Jewell, afirmó en una entrevista con el investigador Colin Gibbon que “era muy improbable que el cuerpo de un mendigo suicidado con veneno hubiera sido utilizado en la operación”.

Es una verdadera lástima que el informe forense de la autopsia (aparentemente, la única copia que había) desapareciese arrasado por las llamas en el desafortunado incendio del Archivo de San Fernando en 1976. Sin duda sería un elemento importantísimo para que los investigadores, históricos y/o científicos, pudieran realizar un análisis más detallado, e indagar en las entrañas de ese misterioso cadáver y su repercusión en la Historia. Autopsia, científicos, análisis, repercusión en la Historia… ¿Les suena esto de algo en estos días que estamos viviendo?

Lo cierto es que, durante estos días de confinamiento, reflexión e incertidumbre, recorro las distintas etapas de producción que le quedan a mi próximo largometraje documental, “The man who really was”, basado en las investigaciones y estudios de Copeiro, Nielsen, Gibbon, Steele y Sibón en torno al misterio de William Martin. De una manera más profunda y extensa que la obra de Gargantilla, también será un ensayo audiovisual que contemplará elementos históricos y científicos que arrojen luz sobre dicha operación de engaño y la verdadera enfermedad o patología que cambió el rumbo de la Historia. A la espera de saber hacia dónde navega ésta ahora. Y si lleva puesto el chaleco salvavidas.

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