EL ESTERO: Cuaderno de laboratorio, de Carmen Ramos

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(Firma: José Jesús Conde) Hombre, yo conocía a la Ramos, aparte de como poeta, como persona dedicada profesionalmente a la economía. Pero metida en un laboratorio y en severa comunión con la realidad en la cual se experimenta o se elabora algo, pues como que no. Claro que, conociendo de la curiosidad extrema de Carmen no me extraña lo más mínimo que se haya puesto bata y pantalla protectora para ajuntar palabras, removerlas y lograr un compuesto sin contraindicaciones.

Y es que en este matraz acristalado que es “Cuaderno de Laboratorio”, la poeta de Gibraleón vuelca la esencia que le domina, que no es otra que todo un festejo de letras y palabras, en una danza hablada que después aletea sin cesar sobre el montón de tallos repletos de hojas que trenzan la escalera por donde sube sonriente la NIÑA: “Una última estrella está suspendida: / pronto el día romperá el horizonte. / A este lado, el mundo se despereza. / En cualquier otro lado, quizás duermes. / Así la vida es un hilo invisible / y nos envuelve un aliento de luz”.

Editado por El Libro Feroz, y ensamblado con las poéticas ilustraciones de Francisca Alfonso, “Cuaderno de Laboratorio” se sustenta en la lúcida enhebrada de vida que Carmen Ramos desarrolla aupada a una silla chiquitita de enea y con los ojos blandos resguardados tras las gafas de cerca, “las de mirar el corazón”: “Si llueve sobre esta palabra / no dejes que se empape, / no dejes que crezca / como la miga en el tazón / donde ya no es palabra ni pan. / Guárdala. / Guárdala en el abrigo de tu boca, / déjala sobre tu lengua / como una hostia comulgada / y nota cómo lentamente / se deshace, / se deshace, / se (des) hace”.

O en este cromo ya desgastado que está tan vivo que parece entresacado de un intercambio reciente: “Cuando yo era chica valía cualquier cosa para trazar una letra mayúscula. La repasábamos aplicados, inclinados sobre el pupitre de madera, con la dedicación del tallador de diamantes”… “Valía cualquier cosa por una letra mayúscula, para nosotros: pobres, pequeños y monstruos a partes iguales”. O en esta otra estampa perdida por entre las agujas del tiempo y rescatada a su hora justa: “Emily Dickinson ha abierto la verja de su casa en Amherst. / Virginia Woolf ha comenzado a vaciar sus bolsillos de piedras. / Alfonsina Storni se ha dado media vuelta y camina hacia la orilla. / Alejandra Pizarnik ha guardado el tarro de Seconal en el cajón. / Anne Sexton ha quitado la llave del contacto de su coche. / Sylvia Plath ha cerrado la espita del gas. / Marina Tsvetáyeva se ha bajado de la silla. / Frida Khalo pide su cama con ruedas. / Elizabeth Bishop jura que es abstemia. / Todas han vuelto para patear sus peanas”.

Carmen Ramos, de profesión Economista, nació en Gibraleón, provincia de Huelva, en 1968. Se inició en el mundo de la literatura con una primera publicación de título “Mudanza Interior”, plaquette editada por Ediciones en Huida, en 2010. Le siguieron los libros de poemas: “Poliédrica” (Ediciones en Huida, 2011) y “Las estrellas han hallado otra forma de morir” (Guadalturia Ediciones, 2013) Por este libro fue candidata al Premio Andalucía de la Crítica 2013. Publica en 2016, “Pequeño Tratado de Etología” (Lastura Ediciones) Le sigue la colección de haikus “Utsugi to wasabi (Las hojas del baobab”, 2017) Y en octubre de 2018 salen a la luz los microrrelatos, “Más de veinte maneras de lavarse las manos” (Lastura Ediciones) Ha sido incluida en las antologías “En legítima defensa”. “Poetas en tiempo de crisis” (Bartleby Ediciones, 2014) y ha sido responsable junto al poeta Iván Onia de la antología, “La pirotecnia peligrosa, 11 poetas para el siglo XXI” (Ediciones en Huida, 2015). Desde 2016 coordina el Taller de iniciación a la poesía “Completamente viernes” junto a la Concejalía de Juventud y Cultura del Ayuntamiento de Gibraleón, intentando, además, mantener vivo su blog “Poliédrica”.


Ahora, endulzada en el almíbar de sus primeros, medianos y últimos sueños, nos presenta este “Cuaderno de Laboratorio” tan del pasado, tan del presente y tan del futuro. Tan, que diría yo estrujando al máximo el órgano que sin parar late en Carmen, en KARM (palabra de origen árabe que significa “viña” y es el origen del topónimo del Monte Carmelo, de donde se deriva el nombre de Carmen): “No pasa un día sin que me diga / -medio en broma, medio en serio- / qué será de mí cuando ella no esté. / Y yo siempre le respondo lo mismo. / Porque ya el agua salada en la pupila, / el vacío insostenible bajo los pies, / el huracán que pasa por tus manos, / el cuerpo frío, / el beso último, / ya todo eso pasó una vez. / Y sin remedio posible / volverá un pájaro nómada / para anidar en nuestra casa. / Por eso yo siempre le respondo lo mismo: / que sobreviviré, porque soy sarmiento / y fui amamantada sobre una roca, / que tengo la boca de vino / y el paladar de agua”.

Así que con “Cuaderno de Laboratorio”, la poeta Carmen Ramos –al igual que han hecho Emily Dickinson, Virginia Woolf, Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton, Sylvia Plath, Marina Tsvtáyeva, Frida Khalo y Elizabeth Bishop- también ha vuelto para patear su particular peana…

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