El Proyecto ‘Acompaña’ ayuda a jóvenes en su transición a la vida adulta

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Aly es de Guinea Conakry y a sus 18 años ha vivido más experiencias que cualquier persona adulta. Muchas de estas experiencias, traumáticas y dolorosas: “Todos los maestros me decían que tenía 17 años, pero mentalmente parecía que tenía 25 años”, afirma. Llegó a las costas de Almería cuando aún era menor de 17 años, rescatado de una patera semihundida, después de vivir un año y medio en bosques de Marruecos.

Aly cumplió la mayoría de edad tres semanas antes de que se decretara el estado de alarma por la pandemia del coronavirus y pasó el confinamiento resguardado en un polideportivo habilitado como albergue en Huelva para personas sin hogar. En el verano de 2020, fue acogido por Cruz Roja en un piso de emancipación para jóvenes en riesgo de exclusión social. “Estoy estudiando para sacar la ESO. Si he conseguido llegar en una patera, todo es posible, tengo que ser optimista”, afirma en un perfecto español que aprendió desde cero en apenas seis meses. “Cuando vienes a un país que no es tuyo, lo principal es aprender la cultura y la manera de vivir. Mi primer objetivo era aprender el idioma: vi muchas películas y me gustaba mucho hablar con la gente”. Además de matricularse en Secundaria, Aly ha empezado a jugar fichado por un equipo de fútbol de Cartaya y ha conseguido el permiso de trabajo que le permitirá lograr su ansiada autonomía.

Cada año, miles de jóvenes como Aly alcanzan la mayoría de edad habiendo crecido bajo el Sistema de Protección a la Infancia, separados de sus respectivas familias. En ese momento finalizan sus medidas de protección, y las alternativas para el retorno familiar se hacen inviables en la mayoría de los casos, teniendo que emanciparse de manera precoz (11 años antes que la media de edad de cualquier otro joven en nuestro país), que los predispone a una situación de riesgo de exclusión social e incluso a un segundo desamparo.

La vulnerabilidad de estos jóvenes es extrema: el 84% se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión, 81,5% está en paro, el 84% no recibe ninguna prestación o subsidio, y un 10% se ve obligado a vivir en la calle o en situación de alta precariedad, según el último Boletín de Vulnerabilidad elaborado por Cruz Roja Española dedicado a jóvenes extutelados.
La crisis de la COVID-19 ha afectado de forma sustancial a la inserción social y laboral de estos jóvenes y ha agravado su vulnerabilidad y su riesgo de pobreza y exclusión social.

El proyecto ‘Acompaña’ ayuda a los jóvenes en su transición a la vida adulta en ámbitos como el desarrollo personal, la integración social, la formación, la orientación e inserción laboral, la situación administrativa, el aprendizaje del idioma, la participación social o el restablecimiento de vínculos.


El año pasado, Cruz Roja Española atendió a más de 3.600 jóvenes en 25 ámbitos provinciales de 11 comunidades autónomas. De ellos más de 1.100 jóvenes fueron atendidos en Andalucía, de los cuales, 151, pasaron por la red de atención de Cruz Roja Huelva. Cruz Roja Española desarrolla el proyecto ‘Acompaña’ en las ocho provincias a andaluzas, en las que ofrece apoyo social, jurídico y laboral a jóvenes en riesgo de exclusión. Además, la Organización cuenta con recursos residenciales de emancipación en Granada, Cádiz, Huelva y Málaga, que facilitan la integración y emancipación de los jóvenes cuando se ven abocados a una situación de calle.

“Las principales barreras para la emancipación identificadas tanto por los propios jóvenes, como por los equipos de Cruz Roja son el desempleo y falta de oportunidades, la carencia de recursos económicos y vivienda, la discriminación, las dificultades para mantener el permiso de residencia y trabajo en el caso de extranjeros, las carencias formativas y los hechos traumáticos no superados o el aislamiento”, explica Carlos Chana, responsable del proyecto ‘Acompaña’ de Cruz Roja Española, con el que se apoya a estos jóvenes en su desarrollo personal y social, promoviendo su formación e inserción laboral, y asesorándoles en su regularización administrativa. El objetivo es facilitarles su emancipación para que puedan vivir por sí mismos.

Es también el caso de Bilal, un joven marroquí que llegó a Melilla con apenas 16 años y que actualmente se encuentra en Jerez de la Frontera “buscando un futuro mejor”. “En Marruecos estaba estudiando, pero no veía futuro si no tenía dinero. Mi sueño es encontrar un trabajo”, explica. Desde que cumplió 18 años ha recorrido cuatro provincias españolas empalmando pequeños empleos y aprovechando cualquier oportunidad que se le brindara para mejorar: “He hecho cursos de informática, un curso de lengua española y otro de guía turístico; ahora estoy haciendo un curso de atención a personas mayores”, afirma el joven, que colabora también como voluntario de Cruz Roja Española en la provincia de Cádiz apoyando a jóvenes.

“Con mi edad poca gente ha hecho en un año y seis meses tanto como yo. He estado estudiando, yendo a las bibliotecas y leyendo libros para aprender español”, afirma Bilal, que encuentra en la vivienda y el empleo las principales dificultades de emancipación:“Para encontrar una casa tengo que encontrar un trabajo primero, pero con la tarjeta que tengo no puedo trabajar. Eso me lo pone difícil. Si alguien me hace un contrato de un año, puedo conseguir mis papeles”.

 

 

 

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