La carrera

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[Paco López Villarejo].

El 22 de mayo es la carrera. En la pista, casi los de siempre y en las gradas, poco más de media entrada de un público escéptico que ya ni jalea.
Entre los contendientes con expectativas solo una importante novedad, José Pablo Vázquez Hierro, el hombre de la pipa que, como un hijo de Magritte, pone dosis de cordura en el surrealista panorama de las otras escuderías.

Gloria y honor para este nuevo Judá que se arriesga, con una cuadriga doméstica y artesana construida por cientos de voluntarios, a luchar en una arena controlada por los poderosos y veloces carromatos de los más sólidos sellos nacionales.
Participa también el vencedor de las cuatro anteriores justas, Pedro Rodríguez, arropado por la mayoría del graderío y conduciendo el mejor preparado y más veloz carro. Sus caballos, escogidos en cuidadosos cruces a lo largo de más de tres lustros, le proporcionan una razonable seguridad en la victoria. Con pocos cambios en los Boxes y conociendo cada curva del duro trayecto, solo tiene que cuidar no cometer errores que puedan darle ventaja a su más empecinado competidor, competidora en este caso, pues al cabo, la lucha más encarnizada se librará con ella.
Y ella es Petronila Guerrero que, por encargo de su poderosa marca, será la cuarta auriga que intentará batir al tetra campeón tras el despido por el patrocinador de los anteriores derrotados. Y aunque no lo tiene nada fácil, va a poner todo su empeño en arrinconar al adversario contra el muro o en rebanarle los radios con las aceradas cuchillas que sus técnicos están preparando. Esta nueva Mesala, poderosa atleta política y respetada señora feudal de un territorio llamado a desaparecer, la Diputación, sabe de la magnitud de la apuesta y, por tanto, no va a renunciar a la lucha ni a cualquier medio que le permita ganar posiciones.
Correrá también, aunque con medios más modestos, Pedro Jiménez, que ahora se sienta con su copiloto en la mesa grande de los escogidos. Es un viejo estibador del circo político que no va a renunciar a su espacio. De que siga sentado en la mesa y todos esperamos que en compañía del embajador de la salud urbana y ambiental de Huelva, Vázquez Hierro, dependerá que la arena siga gozando de la credibilidad suficiente como para que el graderío siga participando.

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