No es país para viejos

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[Nacho Fernández]

No se trata de la película de Javier Bardem, aunque haya analogías. Se trata del resultado de la llamada Reforma Laboral, recién validada en el Congreso. Esta reforma, defendida en la Cámara Baja por nuestra paisana, creo que con poca convicción si tiene un mínimo de sensibilidad, no es otra que un sometimiento total a los dictados de la señora Merkel y a los postulados de la patronal y los llamados mercados. El título del artículo se refiere principalmente a los trabajadores mayores de cuarenta y cinco años, considerados viejos en el mercado laboral. Ellos son los más agraviados en esta reforma, pierden todos sus derechos y son despedidos con irrisorias indemnizaciones. Los despachan con calderilla y los condenan al ostracismo laboral, dejando en la penuria económica a muchas familias donde mayoritariamente solamente trabaja o trabajaba el despedido. Su destino es peregrinar por las empresas enviando currículos y que, en el mejor de los casos, los llamen para una entrevista en la que casi invariablemente les dicen, quizá como mentira piadosa o como edulcorante, que han encontrado otro candidato que se adapta mejor al perfil solicitado. Si no es que los rechazan directamente por su edad, que es la verdadera causa. Y así hasta que pierden la esperanza para probablemente acabar cayendo en una desmotivación total para seguir intentándolo.

¿Qué les queda a estos trabajadores veteranos después de dedicar gran parte de su vida a la empresa si no es el someterse a cualquier tipo de requerimiento, sea o no injusto o abusivo, para no perder el puesto de trabajo? Pero también se refiere el artículo a los otros viejos, a los que han llegado a la edad provecta y malviven de una exigua pensión que poco a poco va mermando debido a un manipulado IPC, si no es que directamente se la congela el gobierno de turno. Lo dicho, no es país para viejos, ni para jóvenes tampoco. Ya que a éstos, si llegan a consolidar un puesto de trabajo, les espera un futuro en el que tendrán vivir para trabajar en lugar de trabajar para vivir y volver poco a poco a ir reconquistando lo que con sangre y sudor les costo conseguir a sus mayores. Se ha aprovechado la debacle económica en la que nos dejó el anterior gobierno como justificación para meternos la maldita reforma con calzador y sin anestesia. La pérdida de derechos de los trabajadores, conquistada tras siglos de lucha sindical, es notoria. Se demoniza al mundo sindical como si sólo se redujera a dos sindicatos y se hace para allanar el camino al trágala de esta reforma. Desde luego mucha culpa han tenido estos sindicatos en este desprestigio ya que llevan años negociando reformas que no acaban de convencer a nadie a cambio de subvenciones. Pero no es de justicia que metan en el mismo saco a otros sindicatos que sí que se dedican a defender los derechos de los trabajadores, en lugar de ser como ellos meros recaudadores.
Posiblemente algún punto de esta reforma podría tener justificación en una economía boyante donde la oferta de empleo pudiera generar la posibilidad de encontrarlo en un plazo razonable pero no es ésta nuestra situación. Pasará mucho tiempo para que nos acerquemos a circunstancias más prósperas, aunque si llegamos a ellas lo haremos desde una posición infinitamente inferior a la que habíamos conquistado en tantos años de reivindicaciones laborales. Y lo haremos partiendo de salarios precarios, quienes los tengan, para acabar trabajando casi por la comida.
Habrá desaparecido la clase media y se hará realidad el tópico de que los ricos serán más ricos y los pobres más pobres. Eso sí, con unos personajes con generosas y acumulables pensiones vitalicias después de un corto periodo de paso por la política. Con un Senado que no sabemos para qué sirve y donde además tenemos que pagar intérpretes para que esos “padres de la patria” lo transformen con su aldeanismo en una torre de Babel. Y pagando unas administraciones con competencias duplicadas e incluso triplicadas que sólo sirven para enchufar amiguetes y fidelizar votos.
Me pregunto si, como nos prometieron al subir el IRPF, cuando mejore la situación económica volveremos a la situación previa a este castigo pecuniario y laboral al que vienen sometiendo a los trabajadores desde la etapa final del anterior gobierno. Pero me temo que la situación será irreversible para ambas cuestiones, quien manda manda y en este caso, lo lamentable es que las órdenes vienen de lugares ajenos a nuestra patria, aunque otros de aquí se aprovechen para sacar tajada.
Una movilización general está perfectamente justificada dado el agravio para los trabajadores que supone la reforma. Pero la huelga convocada para el día 29 por esos dos sindicatos esperemos que no sirva solamente como moneda de trueque para incrementar, aún más si cabe, sus generosas subvenciones.
No quiero ser agorero ni apocalíptico pero, como diría Rajoy, “no nos queda otra” y “sé bien lo que nos toca”. Que no nos quede otra como ésta después de las elecciones andaluzas porque yo también sé bien lo que nos toca y nos toca mucho a los trabajadores, pero me lo callo por respeto a los lectores.

Nacho Fernández
Secretario Provincial de RRII y Comunicación de USO-Huelva

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