CERCA DE LA LETTERA: Todo en su sitio

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(Firma: Carmen Ramos) Mi primer blog se llamaba “40 para los 40”. A lo largo de cuarenta entradas (ni una más ni una menos) fui contando en una especie de diario como se desarrollaban mis días hasta llegar al día de mi cuarenta cumpleaños. Era un blog con fecha de caducidad y aunque algunos amigos me han pedido que lo rescate, yo nunca he querido: solo se cumplen cuarenta años una vez. Es increíble como desde las revistas especializadas nos bombardeen con el ya manido “los cuarenta son los nuevos treinta” y se empeñen en llamarnos “cuarentañeras” en vez del clásico y (no menos desagradable) cuarentona, en un intento de estirar la juventud tanto como nuestros rostros en un lifting imposible. Pero, no nos engañemos los cuarenta son lo que son: casi la mitad de nuestras vidas. Aquel blog me sirvió para quitar importancia a tan tamaña fecha, pero también para exorcizar mis demonios y desahuciar a mis miedos. La escritura es terapéutica, eso nadie lo duda a estas alturas y poner negro sobre blanco lo que te está royendo la cabeza ayuda a ver la realidad desde otra perspectiva. Yo siempre añado que la literatura, por el contrario, no puede servir como terapia. La literatura sirve para ahuyentar los prejuicios y para olvidar nuestras certezas. Un buen libro crea más incertidumbres que verdades. Un buen libro no arregla lo que ya no tiene arreglo. Un buen libro, sin embargo, lo pone todo en su sitio.

El paso del tiempo es quizás uno de los temas preferidos de la poesía universal. Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, decía Virgilio. Un cambio de rasante, nos mostraba la poeta vasca Itziar Mínguez en su libro del mismo título. Cumplir años puede también dar lugar a un estado de reposo y reflexión, una especie de cuarentena como nos muestra Siracusa Bravo Guerrero en su libro “En cuarentena”. Distintas perspectivas y todas interesantes y mágicas como sus autoras. Quiero detenerme hoy en éste último poemario. Aunque “En cuarentena” fue publicado en el año 2016, a raíz de la publicación de su último poemario “Selenita”, he vuelto a releerlo. Y como pasan con los buenos poemarios, he leído un libro que había pasado totalmente desapercibido para mí en su primera lectura.

Lo primero que llama la atención del quien lee este libro es su edición: desde la textura del papel hasta la maquetación, las páginas deliberadamente en blanco, la tipografía elegida y esa postal como invitación a que el libro haga su propio itinerario, todo tiene su por qué y está ahí por una razón. Es también llamativo que, en ese camino hacia la madurez, Siracusa elija ilustrar el poemario con unos dibujos de trazos sencillos, en blanco y negro con alguna nota de color rojo, casi podríamos decir que infantiles en algunos momentos. Y sin embargo palabra, honda y profunda, e imagen, sencilla y clara, van de la mano.

En el aspecto literario Siracusa Bravo, una poeta con voz y estilo muy definidos, va desgranando su cuarentena en cuatro apartados. Comienza con un breve “Preludio” en el que ya avanza “llevar una tempestad dentro”. Prosigue con “Incubando” donde pesa lo mismo el miedo y el amor, como alguien en quien anidan todas las esperanzas y todos los terrores en un solo cuerpo. De nuevo la brevedad en “De ciudades y personas” con poemas con finales alternativos, a gusto del consumidor. Por último, el grueso del poemario se localiza en la parte que da título al libro. Es aquí donde la poeta despliega todo su torrente creativo, donde a poemas pequeños y afilados como la navajilla que llevaban nuestros abuelos en los bolsillos, les siguen poemas como torrentes: “Sálveme quien pueda”, “Has creado ciudades con tu nombre” o el maravilloso “Tienen hambre”, con unos versos de clara inspiración dickinsoniana:

Esta sed no es mía

es de otros

es de otros

igual que este desierto

Lo que más me admiro de Siracusa y lo que más me gusta de este libro es su capacidad para crear nuevos lenguajes, partiendo de una tradición bien aprendida. Hay poemas que bien podrían ser cantados en un fandango o en una soleá. Admiro también como es capaz de crear silencios y sobre todo frente a la rabia y la certeza de que todo va inevitablemente hacia su fin, ella nos abre un espacio en blanco. Todo está un sitio.

“En cuarentena” y “Selenita” de Siracusa Bravo Guerrero están publicados por “Maclein y Parker”.

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