Miércoles 07 de Diciembre de 2022

María Pardo, una médica onubense y solidaria en Guatemala

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María Pardo acaba de regresar de Guatemala, donde ha pasado casi un mes colaborando en materia sanitaria en una de las zonas más pobres de Centroamérica. Lo ha hecho de forma totalmente voluntaria, sacando el tiempo de sus vacaciones y el dinero del viaje de su cuenta corriente y todo para hacer algo que venía persiguiendo desde hace años, ayudar a los demás.

«Desde pequeña tenía claro que me quería dedicar a la ayuda a alguna profesión con contacto humano que tuviese una parte de ámbito social». Finalmente, ya que su padre era sanitario, se decantó por la medicina una carrera para la que se preparó muy bien y que requirió de «mucho esfuerzo y constancia».

Ahora es médico especialista en medicina familiar y comunitaria, forma parte del  equipo médico del Distrito Condado Campiña y se dedica a las emergencias extrahospitalarias trabajando con el equipo móvil Delta con base en San Juan y en Bollullos. Desde allí atienden emergencias sanitarias como accidentes infartos y otras incidencias que requieren una actuación rápida, sus manos han salvado muchas vidas.


Pero su afán por ayudar a los demás ha cruzado fronteras. María Pardo lleva mucho tiempo queriendo hacer cooperación internacional, desde que forma parte de la Junta Directiva del Colegio de Médicos (es vocal de Médicos Jóvenes y Residentes) y empezó a meterse «en ese mundillo»: Creo un grupo de Cooperación Internacional junto con otros médicos y se puso en contacto con varias organizaciones para poder ir a algún destino a poder ayudar ejerciendo la medicina y aunque la pandemia frenó sus planes, finalmente el pasado mes de septiembre cruzó el Atlántico con destino a Guatemala donde ha estado casi un mes cuidando de la población local.

María Pardo en Guatemala

Eligió Guatemala, en primer lugar por el idioma, ya que la comunicación médico-paciente es fundamental, y en segundo lugar porque es un país «con mucha necesidad donde el nivel sanitario es muy bajo». «Hay muchas personas que dependen de gente que vaya de otro sitio de forma totalmente voluntaria». Además, la ONG con la que ha viajado (Ibermed) ya había desarrollado varios proyectos en la zona y conocían bien el terreno y la forma en la que se podía trabajar.

Allí, en Quezaltepeque (Distrito de Chiquimula) se encontró otro mundo. Para empezar hay una natalidad muy alta, niñas de 14 años que son madres o mujeres que a los 26 años ya tienen seis pequeños a su cuidado. Durante su estancia en Guatemala también han atendido un parto, para cortar el cordón umbilical la familia solo disponía de un cúter, recuerda María Pardo como anécdota.

María Pardo en Guatemala

«Las personas son fantásticas pero hay mucha necesidad y necesitan de ayuda». Uno de los objetivos de su estancia en Guatemala era el de desarrollar un proyecto de nutrición infantil, pesaban y medían a los niños para comprobar su desarrollo en una de los países con mayor tasa de desnutrición de todo el mundo» y eran muchos los niños que tenían déficit nutricionales.

Otra patología muy común en esa zona de Guatemala con la que se encontró María Pardo es la parasitosis «porque allí el agua no es potable y os excrementos van al mismo sitio donde se coge el agua para cocinar o beber» , diarreas, gastritis y deshidrataciones eran muy comunes.

El papel de Paz y Bien en Guatemala

En Quezaltepeque la estancia se la facilitó otra organización que lleva desde 2007 realizando tareas de Cooperación en Guatemala, Paz y Bien «yo no la conocía antes, pero hacen un trabajo increíble y hemos establecido unos lazos muy fuertes entre España y Guatemala». Ellos se encargaron de organizar las jornadas sanitarias y nos facilitaban en alojamiento y la comida, por lo que al final ha sido un vínculo muy grande».

Pese a que ha sido una experiencia muy dura, María Pardo no tiene dudas, «repetiría». «Echas de menos tener una ducha caliente, o una lavadora para la ropa, cosas que aquí consideras normales pero que allí no son imprescindibles», pero solo las miradas de esas personas cuando tú les ayudas y su generosidad merece la pena».

 

María pone como ejemplo que en el poblado en el que habitaban los vecinos «solo tenían una gallina para toda la aldea y la mataron para hacer un caldo para el equipo médico, ellos te dan lo único que tienen».

Por todo ello anima a todo aquel que tenga la oportunidad a colaborar, «necesitan que vayamos y que echemos una mano y colaboremos, es muy difícil mirar para otro lado sabiendo que existe esa realidad así que ánimo o a todo el que pueda que coopere», sentencia María Pardo, después de una más que satisfactoria experiencia en Guatemala.

María Pardo en Guatemala

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