Martes 29 de Noviembre de 2022

Obituario: Litri, descanse en la gloria que se ha ganado

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Miércoles, 21.00 horas. Saltan cinco mensajes que buscan confirmación en este pobre tuerceletras  “¿Es verdad lo de El Litri?”. Hablamos con su gente (Litri es el último que tiene “gente” y “casa”). Era verdad, siguen diciendo que es verdad: El Litri se ha retirado del ruedo de la vida entre ovaciones y críticas inmejorables. Se ha ido el Litri. O eso dicen. Que sepan ustedes que el Litri se fue de los ruedos siempre que quiso y volvió cada vez que le pareció oportuno.

Soy el último en escribir en esta tanda de crónicas de una vida. Aunque mucho se tardará en dejar de escribir, de recordar, de hacer referencia a quien despierta sentimientos hondos, unanimidades sin cuento y clamores del alma tanto en Huelva, como en la afición taurina mundial o en todos los escalafones de toreros.

Me quedo con la admiración sin límites de los matadores de toros, de los pocos que quedan de su generación, tenía desde siempre eso tan difícil de tener junto, la admiración, el respeto y el cariño de todos ellos, su compadre Aparicio que ahora queda como decano indiscutible, Puerta, Camino, Ordoñez, El Cordobés, ese cariño y admiración era imperturbable dentro y fuera de la plaza por parte de una profesión no siempre generosa en estos sentimientos de una forma tan incontestable que parecería impostada si no se pone en suerte  al personaje y se trata a la persona.


Tanto cariño y respeto lo heredaron los toreros que vinieron después (Capea, los Campuzano, Miguelin), de los que vinieron después de después en los 70 y 80 (Ojeda, Espartaco…), de los que torearon con su hijo (Ponce, Silvera. Jesulín)  y de los que siguieron tras empezar el nuevo siglo (Tomás, Juli, Miranda). Primus inter pares, pero muy primus.

Como torero fue figurón del torero por contundente, distinto, único, valiente, enrazado, independiente, Litri, capaz y con sentido único de relacionarse con los tendidos. Figurón máximo. Torero de Sevilla, torero de Madrid que supo siempre cambiar su toreo por el trato y el dinero máximo de cualquiera que estuviese queriendo mandar, desde Julio Aparicio de novillero, hasta el Cordobés que pidió un millón por torear y el Litri supo cobrarlo en una de sus reapariciones.

Como hombre era recto, zumbón, fraterno, familiar, generoso, anfitrión memorable, listo, amigo infinito de sus amigos (cuanto me he acordado estos días de ti, querido Pedro), disfrutón, fiel, leal, sincero y más derecho que una vela. Detectaba a un tonto antes de que abriese la boca, comprendía una miseria con un corazón inmenso y trataba igual a Agamenón que a su porquero, porque de los dos podía escuchar una verdad. Me dijo José Luis pereda otro que se me ha ido recién y el empresario que lo hizo reaparecer en Huelva para reinaugurar La Merced, «En la amistad era grande, pero en la disputa era extraordinario”

Como onubense era de esa Huelva antigua, (“Yo era de mi barrio de San Sebastián, no de Huelva”), cintero, amante de las peleas de gallos, del buen comer marinero, cazador, pueblero, campero, caballista, puntaumbrieño, rociero hondo, fundador de la Hermandad de Estudiantes. Litri era Huelva, una Huelva que es difícil que muera mientras dure su recuerdo.

Por su grandeza personal y taurina, Litri tenía muchos amigos en la prensa local y taurina, recuerdo ahora a su cercano y largón entrañable Juan Palma, Yo llegué el último y a través de su íntimo y mi amigo Pedro Macías, disfrute de los últimos años de Peñalosa y del esplendor de Vadillo, ejercí de banderillero (pura metáfora ¡más quisiera!) en la Universidad de Huelva, en Lucena del Puerto, en Valverde, en Estudiantes, en el sevillano Hotel Colón….

Nunca hubo dos conferencias iguales, pero todas eran la misma: bonhomía, su barrio, su respeto a todos los toreros (nunca habló mal de nadie) cariño al pueblo donde estuviésemos donde siempre había un quinto suyo, o un amigo de cacería o un viejo amigo que le obsequiaba con lechugas, boniatos o una gallina. Cariñoso, detallista, largo, íntimo y Litri, Siempre el mismo, nunca se repitió.

Yo llegué el último y me acogió con cariño descomunal, natural, paternal. Le decía a Pedro que llamase a ese “chiquillo de Cáceres” (yo andaba ya por la cuarentena). Pero ganármelo fue el sábado que le dije que tenía dos liebres del Andévalo en el congelador. “Nos la vamos a comer juntos, Las vamos a hacer con habichuelas”.

Si alguien pensaba que era un brindis al sol, que sepan que el lunes me llamó Alin (otro imprescindible): “¿Dice el maestro que donde recojo las liebres? Invita a cuatro que sean buena gente y nos vemos en Brenes mañana” ¡Me decía Litri que yo invitase a gente a su casa! Los Buendía, Rafael Chavés… fueron de la partida, las liebres con fabes exquisitas, el día… el día para mi colección de días grandes queda.

Así era El Litrón. Así lo contaba un banderillero suyo en mi primera comida que acabó de noche en Peñalosa. Litri torea en Madrid, sale del Wellington y se monta en Buick con banderilleros y picaodres camino de la plaza y en la calle de Alcalá, en un semáforo, se para un vehículo fúnebre al lado del coche de cuadrillas.

La tensión se puede contar y todos miran por la ventanilla contraria a donde estaba el coche del mal bajío. En ese momento aparece por ese otro lado un segundo coche de funeraria. El silencio y la incomodidad son estruendosos. Entonces El Litri mira a ambos lados, se santigua y espeta tranquilamente “Bueno, habrá que rezar un padrenuestro por estos dos pobres hombres”. La cuadrilla, no podía ser menos, rezó fervorosa con el maestro.

Hoy va por Litri mi padrenuestro. Descanse en la gloria que se ha ganado.

 Javier García-Baquero

 

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